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El Gozo de la Familia
por
Mons. Francisco Gil
Hellín,
Arzobispo de Burgos
Algunos
no lo ven tan grave. Dicen que los obispos exageramos, que la cosa
no es tan trágica. Sin embargo, hay que entrar a leer
detenidamente la misma ley de educación y los reales decretos que
la desarrollan, para darse cuenta de lo que se pretende por parte
del legislador: educar la conciencia moral de los niños y jóvenes
que serán los hombres del mañana. Otra cosa es que lo consiga. Y
eso depende mucho de cómo nos lo tomemos los católicos.
Los obispos de las
diócesis de Aragón os ofrecíamos en la hoja del domingo pasado una
larga y maciza carta, explicando los pormenores de la nueva
asignatura “Educación para la ciudadanía”, que con carácter
obligatorio y evaluable es introducida en las aulas a partir del
comienzo de curso, en estos días. Afecta a todo el territorio
español, pero algunas autonomías lo han prorrogado para el curso
próximo. En Aragón empieza ya mismo.
La alarma está
justificada, y haremos lo que podamos. La historia nos juzgará a
quienes hemos levantado nuestra voz para denunciar lo que nos
parece un atropello de la libertad y para ayudar a los padres a un
sereno discernimiento. Los católicos, por el cuarto mandamiento de
la ley de Dios, seremos los primeros en obedecer las leyes que
regulan nuestra convivencia democrática. Pero el mismo sistema
democrático tiene medios para expresar el descuerdo y trabajar
para que una ley, que consideramos injusta y perjudicial,
desaparezca.
Los obispos
recordamos que los padres pueden recurrir a todos los medios
legítimos a su alcance para impedir lo que puede ser un daño para
sus hijos. Y no obligamos ni inducimos a nadie a que emplee éste o
aquel medio democrático en contra. Hemos informado del contenido
de la ley, que no todos tienen a su alcance, y cada uno juzgará
según su conciencia. Ahora bien, no es sólo la conciencia
socializada, sino la conciencia personal la que actuará según su
recta razón. Impedir este ejercicio tiene tintes de totalitarismo.
Jesús en el
evangelio compara al buen pastor con el asalariado (cf. Jn. 10).
Una de las diferencias que Jesús mismo establece entre uno y otro
es que a un asalariado no le importan las ovejas, porque no son
suyas, mientras que al buen pastor le importan, y está dispuesto a
dar la vida por sus ovejas. Y otra diferencia importante señalada
por Jesús es que cuando viene el lobo, el asalariado huye, y el
lobo entra y hace estragos en el rebaño, mientras que el buen
pastor no huye, sino que defiende a las ovejas incluso con su
propia vida.
Queridos padres, los
obispos no buscamos ningún privilegio para la Iglesia católica. En
una sociedad democrática, hemos querido hablaros de un tema que os
preocupa a vosotros. Estamos con vosotros, estamos con vuestros
hijos y queremos su bien integral, como lo queréis vosotros. En
España, más del 80 % de los padres ha solicitado religión para su
hijo en la escuela, pública o privada. Si queréis religión
católica para vuestro hijo, comprobaréis que en muchos puntos
habrá contradicción entre lo que recibe vuestro hijo en religión
católica y lo que reciba en educación para la ciudadanía. Queremos
evitar este conflicto, que al niño y al joven pueden
desconcertarle.
Que Dios y su Madre
bendita nos ayuden ante tales dificultades. Con mi afecto y
bendición: La familia es la cuna donde recibimos el don de la
existencia y donde experimentamos el amor y la ternura desde el
mismo momento de ver la luz de este mundo. En ella compartimos
momentos de intensa alegría y profundo gozo. ¿Quién no recuerda,
por ejemplo, la víspera del día de Reyes o el fin de carrera de
los hijos?
La familia regala el amor y el bien con absoluta gratuidad, sin
pedir nada a cambio. Las grandes virtudes de la vida: el amor, la
solidaridad, la comprensión, el perdón, la generosidad, el
espíritu de trabajo, la capacidad de sacrificio, la ayuda al
enfermo y al anciano, la reciedumbre para hacer frente a los
problemas de la vida..., son plantas que nacen y crecen de modo
armonioso y eficaz en la familia.
La familia es también el refugio al que podemos volver, cuando nos
han fallado todos los demás. La familia es el lugar donde
cohabitan las diversas generaciones y el espacio en el que
aprendemos la práctica y los valores de la convivencia. Todos los
gozos y todas las penas son compartidos en la familia. Por eso,
vivir la familia es una fiesta continua, incluso cuando surgen los
inevitables problemas y dificultades de la vida.
Tener una
familia es una gran suerte y un inmenso regalo, y tiene un
atractivo irresistible. No es extraño que sea la institución más
valorada por las nuevas generaciones y el destino natural al que
se encaminan gozosas. Es verdad que tampoco faltan nubarrones en
su horizonte y que los problemas se multiplican. Pero la familia
formada por una mujer y un varón de modo estable y para trasmitir
la vida es una fuente de felicidad y de gozo. Una fiesta
continuada.
Esto no quiere decir que en la familia normal todo sea un camino
de rosas. La experiencia, a veces, es dura. Baste pensar en los
momentos en que se pierde un miembro por muerte natural o quizás
por accidente, la separación o el divorcio, pues los que ven la
familia como algo grande no son inmunes a las propias o ajenas
deficiencias. Con todo, siguen creyendo que ella es un gran bien
para la persona y para la humanidad y se gozan de ello. Por eso,
nada más lógico que las familias se reúnan para celebrar juntas y
compartir el gozo y la alegría de ser familia. Sin otro objetivo
que pasarlo bien, hacer fiesta, disfrutar, cantar y bailar, poner
en común lo que cada una experimenta en el propio hogar. Esto vale
de modo especial en el caso de la familia castellana y, más en
concreto, burgalesa, que causan admiración y santa envidia a
quienes nos conocen de cerca.
Pensando en todas estas cosas, la Delegación Diocesana de la
Familia ha organizado la Fiesta de la Familia. Se celebrará el
domingo 7 de octubre en el Polideportivo Maristas de nuestra
ciudad. Yo mismo tendré la alegría de presidirla. Los actos
comenzarán a las cinco de la tarde y se prolongarán hasta las
ocho, momento en el que tendrá lugar la despedida. Para facilitar
el cumplimiento dominical, a las siete celebraré la Eucaristía.
Los elementos
de la Fiesta serán los propios de este tipo de eventos: cantos,
testimonios, experiencias, juegos varios y alegría a raudales.
Pueden participar todas las familias que lo deseen. No se necesita
ningún título ni requisito: basta ser familia. Por ello, pueden
tomar parte las familias nativas, las de emigrantes, las que
pertenecen o no a Asociaciones y Movimientos, las formadas sólo
por abuelos, las de quienes están viudos, en una palabra: todas
las que lo deseen. No hay inconveniente en llevar a los niños
pequeños, pues habrá un servicio de guardería.
No es preciso inscribirse en la Casa de la Iglesia o en la propia
parroquia. Los organizadores sabrán hacer frente a las
eventualidades que puedan presentarse.
Desde aquí invito a todas las familias burgalesas, especialmente a
las cristianas, a participar en la Fiesta y a compartir con otras
lo mejor que cada una posee.
Mons. Francisco Gil
Hellín,
Arzobispo de Burgos

Que la Paz sea
contigo |