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San Mateo 9, 1-8

Curación del paralítico

Mat 9:1 Subió a una barca, cruzó de nuevo el mar y llegó a su ciudad.

Mat 9:2 Entonces, le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver Jesús la fe de ellos, le dijo al paralítico: -Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados.

Mat 9:3 Entonces algunos escribas dijeron para sus adentros: "Éste blasfema".

Mat 9:4 Conociendo Jesús sus pensamientos, dijo: -¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?

Mat 9:5 ¿Qué es más fácil decir: "Tus pecados te son perdonados", o decir: "Levántate, y anda"?

Mat 9:6 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar los pecados -se dirigió entonces al paralítico-, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.

Mat 9:7 Él se levantó y se fue a su casa.

Mat 9:8 Al ver esto, la gente se atemorizó y glorificó a Dios por haber dado tal potestad a los hombres.

Biblia EUNSA

"Es Palabra del Señor"

"Gloria a ti Señor Jesús"

Meditación:

Curación del paralítico

Alguna gente tiene miedo, miedo de los milagros de Dios, miedo de la misericordia de Dios, y prefieren vivir sufriendo antes que pedir un milagro para ellos o para otros, antes de irse a confesar y reconciliarse con Dios.

¿Tú tienes miedo de Dios, o eres capaz de rezarle y pedirle cosas imposibles, pero que tu fe te dice que Dios puede dártelas también?

Hay algunos que, aunque rezan y mucho, confían más en si mismos que en Dios mismo. Creen que su trabajo, que su inteligencia, es la que les da los éxitos, y aunque rezan a Dios, y pueden rezarle muchas horas al día, no le tienen confianza, no creen en Él, como creyeron esos hombres que le llevaron un paralítico tendido en una camilla, proclamando a los cuatro vientos que confiaban más en Jesús que en si mismos. Y Dios, Jesús, les dió su misericordia y su milagro. Pídeselo también para ti, para éste que sufre y está en su camilla acostado, viendo pasar la vida sufriendo por sus muchos pecados, por su enfermedad o desengaños. Dios puede darte tántas cosas, también la alegría de corazón. Amén.

Confía en Dios.

P. Jesús

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P. Jesús

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Santo 1 de julio

Beato Junípero Serra, (1713-1784)

«Siempre adelante, nunca hacia atrás». Este fue el lema de Junípero Serra, cuyas dotes intelectuales, celo misionero, bondad y paciencia produjeron sus frutos en su nativa Mallorca, en México y en los Estados Unidos.

Nacido en Petra (Mallorca) el 24 de noviembre de 1713, Miguel José fue hijo de Antonio Serra y Margarita Ferrer, agricultores. Después de la enseñanza primaria en los Franciscanos de Petra, Miguel marchó a Palma, la Capital, e ingresó en los Frailes Menores en 1730, tomando el nombre de Junípero en honor de uno de los primeros seguidores de San Francisco. Ordenado de sacerdote en 1737, Serra fue destinado a enseñar filosofía. Entre sus alumnos hubo dos que fueron sus últimos colaboradores en el Nuevo Mundo, Francisco Palou y Juan Crespí. Tras doctorarse en Teología en la Universidad del Beato Ramón Llull en 1742, Serra continuó enseñando filosofía y teología y adquirió gran fama como predicador.

En 1749, en unión de Palou, partió para el Colegio de San Fernando, en la Ciudad de México. Temiendo comunicar a sus padres su próxima partida, Serra pidió a un fraile compañero suyo que les informara sobre el particular. «Yo quisiera poder infundirles la gran alegría que llena mi corazón», decía. «Si yo pudiera hacer esto, seguro que ellos me instarían a seguir adelante y no retroceder nunca». Les pedía que comprendieran su vocación misionera y prometía recordarlos en la oración.

Poco después de su llegada a México, Serra sufrió la picadura de un insecto que le produjo la hinchazón de un pie y una úlcera en la pierna de la que le resultó una cojera para el resto de su vida. Tras unos meses en el Colegio de San Fernando, Serra fue destinado a las misiones de Sierra Gorda al nordeste de la ciudad de México. Allí trabajó durante ocho años, tres de ellos como presidente de las misiones. Llamado a la Ciudad de México, fue maestro de novicios durante nueve años y continuó su predicación en las zonas alrededor de la capital. En 1767 los jesuitas fueron expulsados de México y sus misiones de la Baja California fueron encomendadas al Colegio de San Fernando. Serra fue nombrado presidente de esas misiones, cuya cabecera estaba en la Misión de Loreto.

En 1769, la Corona de España decidió colonizar la Alta California (hoy Estado de California en los EE.UU.). Serra fue nombrado nuevamente presidente; supervisó la fundación de las nueve misiones: San Diego (1769), San Carlos Borromeo (1770), San Antonio de Padua (1771), San Gabriel Arcángel (1771), San Luis Obispo (1772), San Francisco de Asís (1776), San Juan de Capistrano (1776). Santa Clara de Asís (1777) y San Buenaventura (1782).

En 1773 Junípero fue a la Ciudad de México para entrevistarse con el Virrey Bucarelli y tratar de resolver los problemas que habían surgido entre los misioneros y los representantes del Rey en California. La Representación de Serra (1773) ha sido llamada «Carta de los Derechos» de los indios; una parte decretaba que «el gobierno, el control y la educación de los indios bautizados pertenecerían exclusivamente a los misioneros». Durante esta visita a la Ciudad de México Serra escribió a su sobrino, el Padre Miguel Ribot Serra diciéndole: «En California está mi vida y allí, si Dios quiere, espero morir».

Ni siquiera el martirio del Padre Luis Jaime en la Misión de San Diego (1775) apagó el deseo de Serra de añadir nuevas misiones a la cadena de las ya existentes a lo largo de la costa de California. En todas estas misiones, Junípero y los frailes enseñaron a los indios métodos de cultivo más eficaces y el modo de domesticar a los animales necesarios para la alimentación y el transporte. Cuando fue capturado el indio que dirigía a los rebeldes en la Misión de San Diego, Serra escribió al Virrey, pidiéndole que perdonara la vida del indio. Los que fueron capturados, fueron eventualmente perdonados. En la misma carta al Virrey, Serra pedía que «en el caso de que los indios, tanto paganos como cristianos, quisieran matarme, deberían ser perdonados». Serra explicaba: «Debe darse a entender al asesino, después de un moderado castigo, que ha sido perdonado y así cumpliremos la ley cristiana que nos manda perdonar las injurias y no buscar la muerte del pecador, sino su salvación eterna».

Serra pasó los últimos años de su vida ocupado en las tareas de la administración, la necesidad de escribir muchas cartas a las otras misiones y a la Iglesia y a los oficiales del gobierno en la Ciudad de México, y con el ansia de fundar las misiones necesarias. Sin embargo, trabajó con gran fe y tenacidad, aunque le iban faltando las fuerzas. Los indios le pusieron de apodo «el viejo», porque tenía 56 años cuando llegó a la Alta California, pero Serra trabajó constantemente hasta su muerte el 28 de agosto de 1784 en la Misión de San Carlos Borromeo, que había sido su cuartel general y se convirtió en el lugar de su descanso definitivo. Los indios y los soldados lloraron la muerte de Serra y lo llamaban «Bendito Padre». Muchos se llevaban un trozo de su hábito como recuerdo; otros tocaban medallas y rosarios a su cuerpo.

Poco tiempo después de la muerte de Serra, el Guardián del Colegio de San Fernando escribía al Provincial de los Franciscanos en Mallorca: «Murió como un justo, en tales circunstancias que todos los que estaban presentes derramaban tiernas lágrimas y pensaban que su bendita alma subió inmediatamente al cielo a recibir la recompensa de su intensa e ininterrumpida labor de 34 años, sostenido por nuestro amado Jesús, al que siempre tenía en su mente, sufriendo aquellos inexplicables tormentos por nuestra redención. Fue tan grande la caridad que manifestaba, que causaba admiración no sólo en la gente ordinaria, sino también en personas de alta posición, proclamando todos que ese hombre era un santo y sus obras las de un apóstol».

El 14 de septiembre de 1987, el Papa Juan Pablo II tuvo un encuentro con los Indios nativos americanos en Fénix, Arizona, durante el cual alabó los esfuerzos de Serra para proteger a los indios contra la explotación. Tres días más tarde el Papa visitó la tumba de Serra en la Misión de S. Carlos Borromeo y recordó la Representación de Serra en 1773 en favor de los indios de California. Juan Pablo II dijo que Serra y sus misioneros compartían la convicción de que «el Evangelio es un asunto de vida y de salvación. Ellos estimaban que al ofrecer a Jesucristo a la gente, estaban haciendo algo de un valor, importancia y dignidad inmensos». Esta convicción los sostenía «frente a cualquier vicisitud, desazón y oposición».

El mismo Juan Pablo II beatificó solemnemente en Roma a Fray Junípero el 25 de septiembre de 1988.

Fuente: ACI Prensa

 

Comentario sobre la biografía del Santo-a, por el P. Jesús

Beato Junípero Serra, (1713-1784)

“Siempre adelante, nunca hacia atrás”. Eso hacen los santos, por la Gracia de Dios. Cuando quieras ser santo harás esto: “Siempre adelante, nunca hacia atrás”, como hacía nuestro bendito Beato Junípero Serra, que puso en práctica su frase preferida, que le salía del corazón, por la alegría de la evangelización.

“Siempre adelante, nunca hacia atrás”.

P. Jesús

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El matrimonio de Isaac y Rebeca

Génesis

Capítulo 24

1 Abraham ya era un anciano de edad avanzada, y el Señor lo había bendecido en todo.

2 Entonces dijo al servidor más antiguo de su casa, el que le administraba todos los bienes: «Coloca tu mano debajo de mi muslo,

3 y júrame por el Señor, Dios del Cielo y de la tierra, que no buscarás una esposa para mi hijo entre las hijas de los cananeos, con los que estoy viviendo,

4 sino que irás a mi país natal, y de allí traerás una esposa para Isaac».

5 El servidor le dijo: «Si la mujer no quiere venir conmigo a esta tierra, ¿debo hacer que tu hijo regrese al país de donde saliste?».

6 «Cuídate muy bien de llevar allí a mi hijo», replicó Abraham.

7 «El Señor, Dios del cielo, que me sacó de mi casa paterna y de mi país natal, y me prometió solemnemente dar esta tierra a mis descendientes, enviará su Ángel delante de ti, a fin de que puedas traer de allí una esposa para mi hijo.

8 Si la mujer no quiere seguirte, quedarás libre del juramento que me haces; pero no lleves allí a mi hijo».

9 El servidor puso su mano debajo del muslo de Abraham, su señor, y le prestó juramento respecto de lo que habían hablado.

10 Luego tomó diez de los camellos de su señor, y llevando consigo toda clase de regalos, partió hacia Aram Naharaim, hacia la ciudad de Najor.

11 Allí hizo arrodillar a los camellos junto a la fuente, en las afueras de la ciudad. Era el atardecer, la hora en que las mujeres salen a buscar agua.

12 Entonces dijo: «Señor, Dios de Abraham, dame hoy una señal favorable, y muéstrate bondadoso con mi patrón Abraham.

13 Yo me quedaré parado junto a la fuente, mientras las hijas de los pobladores de la ciudad vienen a sacar agua.

14 La joven a la que yo diga: «Por favor, inclina tu cántaro para que pueda beber», y que me responda: «Toma, y también daré de beber a tus camellos», esa será la mujer que has destinado para tu servidor Isaac. Así reconoceré que has sido bondadoso con mi patrón».

15 Aún no había terminado de hablar, cuando Rebeca, la hija de Betuel –el cual era a su vez hijo de Milcá, la esposa de Najor, el hermano de Abraham– apareció con un cántaro sobre el hombro.

16 Era una joven virgen, de aspecto muy hermoso, que nunca había tenido relaciones con ningún hombre. Ella bajó a la fuente, llenó su cántaro, y cuando se disponía a regresar,

17 el servidor corrió a su encuentro y le dijo: «Por favor, dame un trago de esa agua que llevas en el cántaro».

18 «Bebe, señor», respondió ella, y bajando el cántaro de su hombro, se apresuró a darle de beber.

19 Después que lo dejó beber hasta saciarse, añadió: «También sacaré agua hasta que tus camellos se sacien de beber».

20 En seguida vació su cántaro en el bebedero, y fue corriendo de nuevo a la fuente, hasta que sacó agua para todos los camellos.

21 Mientras tanto, el hombre la contemplaba en silencio, deseoso de saber si el Señor le permitiría lograr su cometido o no.

22 Cuando los camellos terminaron de beber, el hombre tomó un anillo de oro que pesaba medio siclo, y lo colocó en la nariz de la joven; luego le puso en los brazos dos pulseras de diez siclos.

23 Después le preguntó: «¿De quién eres hija? ¿Y hay lugar en la casa de tu padre para que podamos pasar la noche?».

24 Ella respondió: «Soy la hija de Betuel, el hijo que Milcá dio a Najor».

25 Y añadió: «En nuestra casa hay paja y forraje en abundancia, y también hay sitio para pasar la noche».

26 El hombre se inclinó y adoró al Señor,

27 diciendo: «Bendito sea el Señor, Dios de mi patrón Abraham, que nunca dejó de manifestarle su amor y su fidelidad. El ha guiado mis pasos hasta la casa de sus parientes».

28 Entretanto, la joven corrió a llevar la noticia a la casa de su madre.

29 Rebeca tenía un hermano llamado Labán.

30 Este, apenas vio el anillo y las pulseras que traía su hermana, y le oyó contar todo lo que el hombre le había dicho, salió rápidamente y se dirigió hacia la fuente en busca de él. Al llegar, lo encontró con sus camellos junto a la fuente.

31 Entonces le dijo: «¡Ven, bendito del Señor! ¿Por qué te quedas afuera, si yo he preparado mi casa y tengo lugar para los camellos?».

32 El hombre entró en la casa. En seguida desensillaron los camellos, les dieron agua y forraje, y trajeron agua para que él y sus acompañantes se lavaran los pies.

33 Pero cuando le sirvieron de comer, el hombre dijo: «No voy a comer, si antes no expongo el asunto que traigo entre manos». «Habla», le respondió Labán.

34 El continuó: «Yo soy servidor de Abraham.

35 El Señor colmó de bendiciones a mi patrón y lo hizo prosperar, dándole ovejas y vacas, plata y oro, esclavos y esclavas, camellos y asnos.

36 Y su esposa Sara, siendo ya anciana, le dio un hijo, a quien mi patrón legó todos sus bienes.

37 Ahora bien, mi patrón me hizo prestar un juramento diciendo: «No busques una esposa para mi hijo entre las hijas de los cananeos, en cuyo país resido.

38 Ve, en cambio, a mi casa paterna, y busca entre mis familiares una esposa para mi hijo».

39 «¿Y si la mujer se niega a venir conmigo?», le pregunté.

40 Pero él me respondió: «El Señor, en cuya presencia he caminado siempre, enviará su Angel delante de ti, y hará que logres tu cometido, trayendo para mi hijo una esposa de mi propia familia, de mi casa paterna.

41 Para quedar libre del juramento que me haces, debes visitar primero a mis familiares. Si ellos no quieren dártela, el juramento ya no te obligará».

42 Por eso hoy, al llegar a la fuente, dije: «Señor, Dios de mi patrón Abraham, permíteme llevar a cabo la misión que he venido a realizar.

43 Yo me quedaré parado junto a la fuente, y cuando salga una joven a buscar agua, le diré: Déjame beber un poco de agua de tu cántaro.

44 Y si ella me responde: Bebe, y también sacaré agua para que beban tus camellos, esa será la mujer que tú has destinado para el hijo de mi señor».

45 Apenas terminé de decir estas cosas, salió Rebeca con un cántaro sobre el hombro. Y cuando bajó a la fuente para sacar agua, le dije: «Por favor, dame de beber».

46 Ella se apresuró a bajar el cántaro de su hombro y respondió: «Bebe, y también daré de beber a tus camellos». Yo bebí, y ella dio agua a los camellos».

47 Después le pregunté: «¿De quién eres hija?». «Soy hija de Betuel, el hijo que Milcá dio a Najor», respondió ella. Yo le puse el anillo en la nariz y las pulseras en los brazos,

48 y postrándome, adoré y bendije al Señor, el Dios de Abraham, que me guió por el buen camino, para que pudiera llevar al hijo de mi patrón una hija de su pariente.

49 Y ahora, si ustedes están dispuestos a ofrecer a mi patrón una auténtica prueba de amistad, díganmelo; si no, díganmelo también. Así yo sabré a qué atenerme».

50 Labán y Betuel dijeron: «Todo esto viene del Señor. Nosotros no podemos responderte ni sí ni no.

51 Ahí tienes a Rebeca: llévala contigo, y que sea la esposa de tu patrón, como el Señor lo ha dispuesto:.

52 Cuando el servidor de Abraham oyó estas palabras, se postró en tierra delante del Señor.

53 Luego sacó unos objetos de oro y plata y algunos vestidos, y se los obsequió a Rebeca. También entregó regalos a su hermano y a su madre.

54 Después él y sus acompañantes comieron y bebieron, y pasaron la noche allí. A la mañana siguiente, apenas se levantaron, el servidor dijo: «Déjenme regresar a la casa de mi patrón».

55 El hermano y la madre de Rebeca respondieron: «Que la muchacha se quede con nosotros unos diez días más. Luego podrás irte».

56 Pero el servidor replicó: «No me detengan, ahora que el Señor me permitió lograr mi cometido. Déjenme ir, y volveré a la casa de mi patrón».

57 Ellos dijeron: «Llamemos a la muchacha, y preguntémosle qué opina».

58 Entonces llamaron a Rebeca y le preguntaron: «¿Quieres irte con este hombre?». «Sí», respondió ella.

59 Ellos despidieron a Rebeca y a su nodriza, lo mismo que al servidor y a sus acompañantes,

60 y la bendijeron, diciendo: «Hermana nuestra, que nazcan de ti millares y decenas de millares; y que tus descendientes conquisten las ciudades de sus enemigos».

61 Rebeca y sus sirvientas montaron en los camellos y siguieron al hombre. Este tomó consigo a Rebeca, y partió.

62 Entretanto, Isaac había vuelto de las cercanías del pozo de Lajai Roí, porque estaba radicado en la región del Négueb.

63 Al atardecer salió a caminar por el campo, y vio venir unos camellos.

64 Cuando Rebeca vio a Isaac, bajó del camello

65 y preguntó al servidor: «¿Quién es ese hombre que viene hacia nosotros por el campo?». «Es mi señor», respondió el servidor. Entonces ella tomó su velo y se cubrió.

66 El servidor contó a Isaac todas las cosas que había hecho,

67 y este hizo entrar a Rebeca en su carpa. Isaac se casó con ella y la amó. Así encontró un consuelo después de la muerte de su madre.

Meditación:

El matrimonio de Isaac y Rebeca

Para Dios no hay nada imposible, y siempre ayuda a los suyos en su vocación al santo matrimonio. Pero como a Abraham, el padre de Isaac, no debe convencerte ninguna mujer que no sea de la estirpe de tu vocación. Amarás a Dios sobre todas las cosas, y Dios te llenara de bendiciones y bienes y alegría en la dicha del amor romántico. Pero no te des en desigualdad, si tú eres de los que desean formar un hogar feliz, sin discusiones y con hijos que sean la alegría de Dios y tus mayores. La Iglesia Católica permite, con licencia, que contraigas matrimonio con una persona que no practique tu fe, que no sea de la misma, pero que se comprometa a respetarte y dejar que vuestros hijos sean católicos y reciban la doctrina de su fe. Aunque para regocijo de tu alma, disfruta ella de las caricias y la dicha de una persona que como tú ame a Dios sobre todas las cosas. Si tardas en encontrarla, haz como el siervo fiel Abraham, y haz un pacto con Dios, pidiéndole insistentemente te haga feliz con la persona de la que te enamores, y ella de ti. Porque el amor conyugal es tierno y placentero cuando ambos esposos tienen puesta su mirada en el mismo punto: la Cruz de Cristo.

Todo está bien para los que  ponen a Dios como principal causa de su amor, y Dios bendice a los hijos que, sabiendo esperar y buscar, buscan por cónyuge a quien tiene en su corazón a la misma Madre de Dios.

Pocas cosas son más agradables en esta tierra, que encontrar un cónyuge a quien admirar y con quien compartir la vida, la fe y la educación de los hijos en el amor de Dios, y todo por y con caridad.

P. Jesús

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Intérpretes:
James Stewart, Doug McClure, Glenn Corbett, Patrick Wayne, Katharine Ross, Rosemary Forsyth, Phillip Alford, Paul Fix, James Best, George Kennedy

Sinopsis:Charlie Anderson es un viudo padre de familia, un granjero de Shenandoah, Virginia, estado cuyos habitantes se encuentran inmersos en una cruenta Guerra Civil Norteamericana en el bando sureño. A pesar de las presiones que soporta, incluso por algunos de sus hijos, él no quiere alistarse porque piensa que no es su guerra, ya que no le gusta la esclavitud.

Comentario de Visión Católica TV, por Montserrat Bellido Durán:

Esta película nos enseña la importancia de una buena madre y esposa, ya que Charlie Anderson aún siendo viudo se sigue apoyando en el amor de su esposa y en la fe.

¿Qué sería de este mundo sin las buenas madres?  

Las buenas madres  y esposas siguen dando apoyo y consuelo aún ya una vez muertas, porque son mujeres de fe fuerte, de fe viva… y ¿quién puede contra la fe viva? Nadie, porque la fe viva es el amor directo de un alma con Dios, y cuando hay amor directo; hay un relación plena, un todo, ya que el alma alcanza su misión, que es conocer, amar y servir a Dios ¿quién mejor cumple con estos requisitos que una buena madre y esposa? Una mujer que se entrega totalmente por amor a Dios y cuida de su esposo e hijos.

A  mí me encanta la escena que Charlie Anderson habla llorando delante de la tumba de su mujer, “Marta… me gustaría saber… qué piensas sobre todo esto… estoy seguro de que si lo supiera me ayudaría mucho… y tal vez no encontrara todo esto tan horrible. Si yo pudiera saber lo que estás pensando” de repente suenan las campanas y él dice “¿Tú nunca te das por vencida ¿verdad?”.

Cada uno de nosotros tenemos una Madre en el Cielo a quien podemos acudir como Charlie hace con Marta, no nos cansemos de acudir a la Santa Virgen María, que es Madre de Dios y nos consuela y ayuda siempre, Ella como Marta nos enseñará con el sonido de las campanas, que vayamos a la Iglesia. Vayamos, vayamos a la Iglesia Católica, recemos ante el Sagrario y tengamos una fe viva como la que tuvo la Virgen María, que dijo sí a Dios, vayamos a Dios y Él nos enseñará que esto tan horrible es para un bien, que resistamos, recemos y que pasará, porque nuestra Madre, que es Madre de Dios NUNCA SE DA POR VENCIDA.

Es fácil encontrar en esta película muchos otros valores, y experiencia de una vida que te hacen reflexionar. Te la recomiendo. Disfrútala.

Montserrat Bellido Durán
Directora de Visión Católica TV

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