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Escritos de
Rodolfo Sierra
Mañueco
VIVENCIAS
ENCONTRAR EL AMOR
Que diez años ya son algo,
diez años de soledad;
largos se hacen esperando,
y no acaba de llegar.
Pasaron diez primaveras
viendo a las flores brotar
y a los pájaros que vuelan
gozando de libertad.
Pasan los días, y ahora
parece que llega ya
aquello que tanto añoras,
y no acaba de llegar.
Pasan las noches oscuras
que a la luna miedo dan;
le obligan a estar oculta,
y no te puede alumbrar.
Si una vez la luna sale,
y su luz da claridad,
la esperanza te renace
porque aquello llega ya.
Y pasan así los años,
y así un mes y el otro mes,
y no pierdes tus redaños,
pues ya lo que esperas ves.
Esperas lo que no llega,
pero lo haces sin temor,
pues la esperanza te alienta
y, al fin, verás que llegó.
Si tu alma se siente fría,
la calienta el corazón
confiando en que llegue el día
que te devuelva el calor.
El calor del gran cariño
que de nuevo volverá
a quererte igual que a un niño
y el vacío llenará.
Ten paciencia, no te rindas
que si esperas triunfarás;
la Providencia te mira
y tu amor encontrarás.
¡Ah, ese amor tan precioso!.
¡Que ya llega!, ¡Llega ya!.
Es, además, tan hermoso…
¡que ya nunca morirá!.
¡Amor a Dios!. ¡Y con ella!,
de plena felicidad,
perenne, porque es eterna
¡¡y no acabará jamás!!.
GUITARRA MIA
Esta es mi guitarra
de las horas buenas,
la que consolaba
mi vida y mis penas
cuando, fatigado,
me daba cariño
como si yo fuera
todavía el niño.
¡Qué bien me entendía!.
¡Cómo me miraba!.
Era que sabía
que yo la mimaba.
¡Tañe bien mis cuerdas!,
sin hablar decía,
y yo las vibraba.
¡Qué bien respondían!.
Éramos dos almas
que al vibrar unidas,
saliendo del mundo,
al Cielo subían
y en dulce embeleso
su música oían
de trinos y arpegios
con sus armonías.
Y al pisar mis dedos
sus cuerdas templadas
mi alma, como un sueño,
al éter llegaba,
y guitarra y dueño
igual disfrutaban,
si reír, reían
si llorar, lloraban.
¡Cuántas horas buenas!
¡Cómo me quería!
¡Cuánto me ayudaba
en mis horas frías!;
sólo sé que el tiempo,
que siempre corría,
ella lo paraba
con sus melodías.
Ella las forjaba
en mi fantasía
y con ellas daba
remedio a mi vida
fuera de este mundo,
del que me extraía
con mi alma flotando
¡Qué feliz me hacía!.
¡Cuánto le agradezco
el bien que me daba
al volver cansado
de mi lucha diaria!.
Nada más cogerla
ya me regalaba
sus ritmos y acordes
que, asaz, me inspiraba.
Y en pocos minutos
yo era un hombre nuevo,
descansado y libre
de ingratos recuerdos.
Todo había quedado
tirado en el suelo
para que su peso
no enturbiara el vuelo.
Y ahora que mis dedos,
llegados a viejos,
no pueden tañerla,
yo me iré muy lejos
y ella aquí se queda
sin tener a nadie
que sepa elevarla
hasta aquellos cielos.
. .
Tengo una gran pena
porque desconfío
en qué será de ella
cuando me haya ido,
si irá a manos buenas
o a las de borrachos
que, con sus peleas,
la hagan, ¡pobre!, cachos.
¡Ah, guitarra mía!.
¿Dónde irán tus cuerdas
que a ambos nos fundieron?
¿Dónde tus maderas
finas, de concierto,
que nos deleitaron
con vibrantes ecos?
¡Triste será verlo…!
Pero aunque mis dedos,.
que han llegado a viejos,
no puedan tañerte,
no hay que tener miedo,
que si Dios lo quiere,
le pido y espero
que alguien siga tu arte
mejor que yo lo he hecho.
Sufriendo te dejo,
guitarra de mi alma,
porque ya no puedo
servirte de nada.
Solamente quiero
pagarte, aunque poco,
lo mucho que vales
y no tengo todo.
.
No encuentro otra cosa
que estos pobres versos,
pero en ellos pongo
muchos, muchos besos,
y lo que les falta
por cubrirlo entero
Dios, por mi, lo paga,
seguro estoy de ello.
¡Adiós, mi guitarra,
te espero en el Cielo!
INEXPERIENCIA
I
¡Cuánta ilusión se nos muere
a lo largo de la vida!
¡Cuánta esperanza se pierde
por maltrecha y malherida!
De los sueños nada queda,
que fueron pura mentira,
pero, terco, el mundo anhela
olvidarla y… repetirla.
Siguen los sueños mintiendo,
la imaginación los cría,
y la irrealidad, fingiendo,
se adorna de fantasía.
Hoy se cree que la experiencia
sólo valía a los antiguos
para oponerse a la ciencia,
aunque con bienes exiguos.
Era una sabiduría
en que fundaban su obrar;
de costumbre no salía
por miedo a la realidad.
Lo de los casos fallidos,
ya otro nunca se dará;
está todo prevenido;
la experiencia sobra ya.
Hoy tenemos ya los medios
que pueden facilitar
seguir viviendo sin miedo
a la pobreza y al mal.
II
Es así como se piensa
en la triste actualidad,
olvidando que los sueños
sueños son, y nada más.
Gracias a aquella experiencia
hemos llegado hasta aquí,
que a ella se debe esta ciencia
que nos da un mejor vivir.
Un vivir que es incompleto,
que es bueno en lo material,
mas, de caridad exento,
siguen los pobres y el mal.
Aprovechar los expertos
bienes de nuestros mayores
trayéndolos a este tiempo,
nos dará nobles favores.
Que cada generación
va entregando de una a otra
el bien de la tradición,
con la moral que transporta.
De la entrega, de ahí le viene,
que “traditio” es entregar
con la experiencia que tiene;
todo al futuro hay que dar.
Si al futuro no se pasa
o no lo dan los de ayer
es crimen de lesa patria
que no debemos cometer.
Civilizar es efecto
de acumular la cultura
que nos traen nuestros ancestros
que de imperfección la curan.
III
Se sufre al ver lo que llega
si destruye lo que había:
Aquellas gentes tan buenas
que en amor y paz vivían.
Ave María Purísima,
te decía tu vecino
cuando a tu puerta acudía,
cual yo escuchaba de niño.
Sin pecado concebida,
tú, feliz, le contestabas
para atender enseguida
la razón de su llamada.
Tiempos felices, mejores,
de aquellas sanas costumbres;
las de hoy, que son peores,
nos separan y confunden.
Triste es ver que tu vecino,
como tú le haces, igual,
ni buenos días deciros
cuando os veis en el portal.
Ya no hay tertulias amables,
tiempo ha que eso nos falta,
no podemos ser afables,
pues el reloj nos arrastra.
Con prisas, que te consumen,
los nervios, que te revuelven,
llegas, corres, bajas, subes,
pero el pasado no vuelve.
Tú, que esto lees, si meditas,
verás que vives así
porque ya está así tu vida,
y así es como has de vivir.
¿Y esto es la vida moderna
que tanto la celebramos?
Siempre la zozobra eterna,
Todo a prisa, sin descanso.
IV
Pero, ¡ah, que eran naturales!
¡Eso sí que era ideal!
¡Las tardes primaverales!
¡Y los otoños igual!.
El reloj iba despacio;
en verano, mucho más;
y en invierno, con descanso,
la partida y a jugar.
Toda la vida para uno
la podías disfrutar;
y hoy, uno es para la vida,
esclavo de ella, no más.
Todo es por el consumismo;
tienes piso, tienes coche,
tienes móvil, tienes más…:
¡Falta de sueño en la noche!.
Las hipotecas te matan;
no las puedes afrontar;
siempre es poco lo que ganas,
tu vida ya no da más.
Es así que los infartos
que al corazón se le dan
quizás tuvieran remedio
volviendo a lo natural.
Pero sería el retroceso,
me dirás, que en contra estás,
y presumes de progreso
¡pero pierdes libertad!.
Que ya lo dijo algún sabio:
se pierde la libertad
si lo que no es necesario
lo hacemos necesidad.
V
¡Cuánta paz!. ¡Cuánta armonía!
con muy poco te arreglabas;
lo superfluo no existía
y más libertad gozabas.
Combinar quehacer con ocio
convivir con los demás,
sin hipotecas ni estorbos
que no dejan disfrutar.
Amarnos unos a otros,
que es Ley de Dios el amor,
que por algo Él nos lo puso:
Quiere que estemos mejor.
El fruto de la experiencia
nos ha traído hasta aquí,
pero aun nos falta consciencia
para aprender a vivir.
SUEÑOS
Lo que se busca,
porque se anhela,
o se desea,
soñando llega.
Y cuando llega,
todo se logra,
siempre soñando
en la vaga sombra.
.
Soñar dormido
es más sincero
que si, soñando,
se está despierto.
Porque dormido,
cuando despierta
ve cómo es falso
lo que se sueña.
Pero, despierto,
soñar es grave
pues se desea
que no se acabe.
No se percata
de que es mentira
y sigue el sueño
que se imagina.
Que el buen psiquiatra
ya lo advirtió:
Soñó despierto
y lo creyó.
Así los sueños,
dando una imagen
que es falsa y huera,
gran daño hacen.
Soñando ella,
también él sueña,
y son sus sueños
como la yesca.
Sólo una chispa
tenue, pequeña,
inicia un fuego
que el alma quema.
Y vive el alma
cálido sueño
creando imagen
de algo perfecto.
¡Oh, sueño falso!:
hiciste que ella
en él creyera
lo que no era.
Le vió hombre bello
y generoso,
de gran ingenio,
fino y gracioso.
Y de esa guisa
le imaginaba,
y amor creía
que le tomaba.
Pero él, soñando
que amor veía
que ella le daba,
feliz vivía.
Y a ella creía
cual la soñaba:
hermosa, bella,
graciosa y santa.
Y su alegría
le emocionaba;
todo era amor.
¡Cuánto la amaba!.
Ella, la amada,
tal se creía
y a él le adoraba.
¡Y le quería!.
Y aunque, despiertos,
ambos durmieron,
al despertarse …
¡la verdad vieron!:
¿Cómo tan guapo,
si él es muy feo?
Yo en él veía….
lo que no veo.
Y él se decía
¿Por qué no veo
lo que veía
y ahora ni creo?.
Siempre los llaman
no-vió, a él,
y a ella, lo mismo,
no-vía, ni ve.
Así se engañan
y, al ir soñando,
lo que imaginan
termina en llanto.
Que nuestros ojos
han de ver dentro
del corazón,
si el sueño es cierto.
Porque, por fuera,
lo que aparentan
no son las gentes
lo que en sí llevan.
Pronto se nota
dónde hay amor;
basta con verlo
en la intención.
Él, egoísta,
todo para él,
que amor le dé ella
y él nada dé.
Lo mismo en ella
también se ve,
si sólo busca
el interés.
Y nunca es bueno
que oculte él
que es el marido
de su mujer.
Sino, al contrario,
que su mujer
tenga un marido
que la ame bien.
Y, en cuanto a ella,
que sea mujer
de su marido,
siempre para él.
Así ella tenga
esposo en él,
y él vea en ella
que esposa es.
Que sean amores
que se compensen
porque al cruzarse
a diario crecen.
Son las virtudes
las que les valen,
y si las tienen…
¡Muy bien, que se amen!.
Y sean felices
en puro amor,
del uno al otro,
cual quiere Dios.
LA GLORIA
Cual luceros son tus ojos,
que vierten la luz de tu alma.
¡Qué bonitos!. ¡Qué preciosos!.
Sólo mirarlos da calma.
Esa paz que hay en tu vida
y tu mirada regala,
generosa, omnisciente,
¡qué gran gozo es contemplarla!
Con esa bondad innata
que tu corazón derrama
y por doquier, por fortuna,
a quien miras le contagias.
Es una bondad que, intacta,
sin mácula conservaste;
no te la mancha ese Mundo
aunque con saña la ataque.
Y qué bien la has defendido,
siempre guardarla supiste
manteniéndote en ambientes
donde la maldad no existe.
Has nacido tan sencilla
que no le das importancia
a tanto bien como haces
por donde quiera que pasas.
Dame un poco de esa gracia
que exhalas, sin percatarte,
y alivia mi corazón
que sufre pasión de amarte.
¡Qué bonitos son tus ojos!.
¡Qué emoción da tu mirada!,
Parece que están diciendo
que aun me queda una esperanza.
¿No ves que me estoy muriendo
del hambre que me promueves,
de que me miren tus ojos
diciéndome que me quieres?.
Juntar quisiera mi vida
con la tuya, tan preciada,
y alcanzar los dos la Gloria
que da Dios a quienes se aman.
LA RODADA
La rodada de la vida,
la rodada, ¿qué será?..
No lo sabrás todavía,
el vivir te lo dirá.
La rodada de la vida
todos la vamos marcando
porque al vivir se realiza
bien, riendo; mal, llorando.
La rodada en su camino,
¿a dónde me llevará?.
Cuando la hayas recorrido,
donde acabe su rodar.
¿No puedo elegir camino?.
¿No dicen que hay libertad?.
Eso oiste siendo niño,
hoy… otra cosa ya oirás.
Oirás que todos reclaman
que les den su libertad,
es porque a todos les falta.
Entonces, ¿quién la dará?.
Nadie da lo que no tiene,
aunque lo quisiera dar;
mas si todos lo requieren
alguna razón tendrán.
Todos tienen sus razones
que son justas, naturales,
pero se producen choques,
porque en todos son iguales.
.
Y es así que nadie quiere
dar lo que el otro pretende,
pues a nadie le conviene
que su deber se incremente .
Todos pedimos derechos.
Nadie quiere los deberes.
La libertad es, por eso,
clara cuestión de intereses.
Sabios romanos expertos
nos lo dijeron bien claro:
para cumplir el derecho
se exige el deber exacto.
Te doy para que me des,
y me haces para que te haga;
me das para que te dé,
y te hago para que me hagas.
Y de esta forma se pudo
establecer la justicia:
dando a cada cual lo suyo
que el interés equilibra.
Y la cosa es bien sencilla,
y pronto la entenderás.
Hay libertad si hay justicia
y bien la rodada irá.
Pues derechos y deberes
opuestos son, pero unidos,
el derecho y el deber
indisolubles, fundidos.
Cuando tú en esa rodada
haces o das para otro algo
es para que él te dé o te haga
lo que debe compensarlo.
Y si fuera en el trabajo,
te irá bien en la rodada
si quien de él se ha aprovechado
compensa con justa paga .
Y dentro de ese intercambio
ambos tenéis los deberes:
uno que pague el salario,
otro su trabajo entregue.
Si cambian las circunstancias
que en más o en menos se alteran,
deberán las partes, ambas,
buscar que ninguna pierda.
Pero aquí el fallo es un hecho,
pues ninguno de ambos quiere
reconocer el derecho
que el otro a su deber tiene .
La cuestión ya es conflictiva
y ni uno ni otro se entienden,
se maltrata a la Justicia,
y la libertad se pierde.
Ya tengo que andar buscando
quien defienda mi injusticia;
mi grupo social, solidario,
me impone lo que me diga.
Veo así que no soy libre,
pues libertad no disfruto;
haré lo que otros me dicen,
que quizás no es de mi gusto.
¿Ves ya por qué la rodada
carece de libertad?.
Los egoísmos la matan,
que no quieren deber más.
Déjame de esos caminos,
malos para la rodada;
daré lo que es deber mío
sin mermar en ello nada.
Ten por seguro, si lo hago,
que tendré buena rodada,:
pues se agradece en los tratos
que la gente sea honrada.
Con tanto infundio, este mundo
divididos nos enfrenta,
pretendiendo cada uno
la libertad que interpreta.
Pero es que esa libertad
se destruye en la rodada
si el egoísmo, al rodar,
no nos deja ceder nada.
Así, en la rodada aprendo
que dando lo que yo debo
seguro lo mío tengo
en libertad ejerciendo.
EL AMOR
El amor es como un sueño
que oculto vive en el alma,
atento al feliz momento
de hacer el bien donde falta.
Siempre a ser útil dispuesto,
con el mal no es compatible,
que en el bien está su objeto
sin que haya excepción posible.
Es utópico inhibirse
donde florece el amor,
porque amor es entregarse
y suavizar el dolor.
Que el amor dona alegría
al que padece el dolor,
y su dulzura mitiga
la tortura del horror.
Que quien ama en sí percibe
el dolor del que es amado,
y a éste su amor le transmite
para el dolor consolarlo.
Es recíproco el amor,
y el amado, aun sin calmarse,
ni amortiguado el dolor,
también su amor da al amante.
No busca compensación
el amor que da quien ama,
que surge del corazón
y en éste nunca se manda.
Amor no sabe de amor
ni sabría definirlo;
es un impulso interior
que no acierta a describirlo.
Sabe que siente y entrega
amor para el ser amado,
que, a su vez, éste compensa
con el suyo, enamorado.
Todo amor sucede así
porque interés nunca siente
pues, sin nada recibir,
se ofrenda espontáneamente.
¡Cuánta paz!, ¡cuánta alegría!,
a este mundo, abandonado,
el amor que necesita
¡cuánto mal le habría quitado!
¡Qué satisfecha está el alma
cuando se ama así, sin más!.
Se obra bien, como Dios manda
y ello da felicidad.
AYUDAR
¿Qué busca ese cazador
trotando por esos montes
con su escopeta cargada,
clamando en llantos y en voces?.
¿Qué busca con tanto ardor
lo que a su vista se oculta,
causándole tal dolor
que parece de locura?.
Con su escopeta enristrada
y aspecto de enajenado,
por los abrojos y matas
rastrea desesperado.
Y mientras busca incansable,
va con sus ojos mojados
de lágrimas al brotarle
por la emoción consternado.
Yo te ayudo, cazador,
que tu pena me entristece
al verte llorar del dolor
de ese mal que te acontece.
Dime qué es eso que buscas,
que la intriga me estremece,
y quiero salir de dudas
para que a ayudarte empiece.
Y le oigo que balbucea:
“Busco un corazón traidor
que a mi amor hizo una afrenta,
sin darme una explicación”.
“Parecía que me amaba,
que siempre me lo decía,
pero no era la verdad,
pues sus palabras mentían”.
“Y desde entonces la busco,
que hasta su amor me juró,
y de ese modo tan brusco
aquí solo me dejó”.
Aquel hombre trastocado,
el buen sentido perdió,
mas al ver que fue escuchado
se volcó en mi corazón.
Y fue la verdad tan dura
que le causó enorme inquina,
ignorando, en su tortura,
que no fue lo que imagina.
De los confusos relatos
se podían entresacar
las circunstancias y datos
que hacían conjeturar.
Por causa de algún infarto
que su esposa padeció,
urgentemente, en el acto,
al hospital se llevó.
Impresionada su mente,
aquello le enloqueció
y recuerda solamente
que en un coche se fugó.
Ella no tuvo remedio
y murió en el hospital,
y él es un pobre enfermo
que la busca sin cesar.
¡Ah, cazador, alma triste!,
estás sufriendo un error.
De esa escopeta desiste
y trueca tu odio en amor.
Que por eso he de ayudarte.
Deja ya tanto buscar,
que no es que dejó de amarte;
su muerte llegó fugaz.
Como Dios me dió a entender,
se alcanzó darle consuelo
que, por ser hombre de fe,
fue posible, al fin, hacerlo.
Cuando no hay fe en lo no visto
hay que ver para creer,
mas quien sin ver ha creído,
¡qué gran consuelo es la fe!.
El cazador, consolado,
de su sueño despertó,
de aquel golpe inesperado
que tanto le enloqueció.
Con su alma serena y sana,
lo que buscaba encontró
y aquel amor de su amada
a su corazón volvió.
A veces crueles desgracias
destrozan el corazón,
y la mente ya no escucha
la verdad que no captó.
El amor hace posible
que aun la desgracia más fuerte
aminore el sufrimiento
dominando nuestra mente.
Y si el amor es a Dios
y se acata lo que Él quiere
¡cuánto aminora el dolor
ante el rigor de la muerte!.
AMOR FAMILIAR
Amar a nuestro prójimo
no está a él solo referido,
que se extiende en general
a cuantos juntos vivimos.
Cualidad de los humanos
es vivir en sociedad,
porque somos limitados
y es total necesidad.
Lo es por Naturaleza,
que Dios nos hizo sociables
y en grupos de convivencia
vivimos en forma estable.
La familia es el primero
y el más importante grupo
que los humanos tenemos
cuando llegamos al mundo.
Para los padres y hermanos
es virtud fundamental,
en la familia, el amor;
cohesión de Ley Natural.
¿Qué sería de los nacidos
si nadie los recibiera,
sin nadie que los amara,
sin nadie que los quisiera?.
¿Que sería de los padres
si entre ellos no hubiera amor,
ese amor con que atendieran
lo que requiere el menor?.
¡Cómo brilla, generoso,
ese don espiritual,
ese cariño hacia el otro,
sin nada de él esperar!.
¿Y qué sería del mundo
sin ese sublime amor
que hace que en todo prime
el otro, y antes que yo?.
¡Ese amor indefinible,
puro espíritu que está,
como fuerte lazo que une,
a Dios con la humanidad!.
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Que la Paz sea
contigo |