Estimada María.
Estoy pasando por una situación muy dura, hablé con los sacerdotes de este tema, pero al ser bastante reciente, esta realidad va modificándose día a día, y cómo me dice un hermano en la fe, se vive el día a día. Hace 8 meses mi marido se fue de casa. Lo hizo de la manera más ilógica que se pueda imaginar, no tenía un fundamento sólido y sólo buscaba “justificar” su actitud egoísta, infantil e inmadura. Desde el mismo momento en que se fue, traté de que llegáramos a un acuerdo, de hacerlo entrar en razones, le sugerí que fuésemos a hacer terapia de pareja; sólo escuché NO, NO, y NO. (Nunca justificó sus No) Lo que no le pedí fue que habláramos con un sacerdote, ya que, meses anteriores, el mismo sacerdote de mi comunidad lo invitó a hacer diferentes retiros (para ver si podía ayudarlo y ayudarme a mí) porque él sabía por lo que yo estaba pasando; de más está decirle que jamás quiso hacer retiro alguno, siempre buscaba excusas para no decir no de frente, que al final eran no en la realidad.
El día que se marchó de casa, primero buscó la manera de encontrar un motivo, para ello, (muy astutamente) preparó el clima para que se desatara el “motivo de su alejamiento”, una discusión…, una de las tantas que se pueden tener, no era para nada motivo valedero. Pero se fue, diciéndome que se iría por 15 días, al día siguiente cuando yo volví de misa, era domingo (se había marchado el sábado), me encuentro que se llevó toda la ropa que le quedaba. (cuando la hablé para preguntarle porqué se había llevado todo, si pensaba volver en 2 semanas, me empezó a gritar y se hacía el malo y duro) A las 2 o tres semanas de su alejamiento, y tiempo en el que me avoqué a hacerlo entrar en razones para poder salvar nuestro matrimonio, y a lo que respondía negativamente y sosteniendo que “estaba confundido”, me entero que andaba saliendo con otra mujer, madre de tres hijos (separada o
divorciada, no sé). Lo que hizo es lo más escandaloso que se puede esperar, se hizo ver por toda la ciudad con su “pareja”, a toda hora del día…. Pasean juntos ella, él y los hijos de ella, todos juntos…. parecen una FAMILIA NORMAL.
No sólo es escandaloso por la forma en que me humilla, escandaloso para la misma iglesia, durante 15 años o más dimos juntos, como matrimonio y con otros matrimonios charlas prematrimoniales para parejas próximas a celebrar su boda, en los cursillos prematrimoniales que se organizaban en nuestra parroquia.
De más está decirle que, se alejó no sólo de Dios (no creo que actuando de esta manera esté muy cera de ÉL) también de nuestros hijos, tenemos 5 hijos, la más grande de 24 y el más pequeño de 11; un nietito de 3 años y otro en camino. Él se desentiende de todos, su única función cómo padre es pasarme algo de dinero para alimentarlos, porque para otra cosa no me alcanza lo que me da; no alcanza para los gastos de facultad de los que aun estudian, (4), dos en la facultad, uno en primaria y otro en secundaria; no me alcanza para remedios si se enferman, no alcanza para comprarles alguna prenda… sólo alcanza para algo de alimentos; el resto sale de mis ingresos, porque gracias a Dios tengo un sueldo, pero él sabe muy bien que es imposible poder mantener una familia tan grande sin ayuda. Pero más allá de todo esto, lo que me entristece, es que después de 8 meses de haberse ido, y luego humillarme tan groseramente y abandonar a sus hijos cómo a mí; sin importarle si quiera cómo están de salud.
Lo que me entristece es saber que aún lo quiero, y no puedo sacármelo del corazón, oro incesantemente pidiéndole a mi AMADO SEÑOR para que me ayude a olvidarlo, a sacármelo del corazón de una buena vez.
También me pone mal saber que deberé estar el resto de mi vida sola, sé perfectamente que no podría volver a estar con otra persona porque esa situación me llevaría a no estar en gracias de Dios; y prefiero estar sola que estar sin mi SEÑOR.
Por favor, espero su respuesta, saber cómo hacer para seguir adelante sin sentir esta amargura y sabiendo que si Jesús está conmigo, nada más puede faltarme. ¿Cómo hago? Nunca dejé de rezar, esta situación me acercó muchísimo al Señor, ahora puedo decir que lo he conocido personalmente, sé cómo me ama, y me pone mal estar triste sabiendo que él, mi amado Jesús, no quiere verme así. Me faltó comentarle que hubiésemos cumplido 25 años de matrimonio el mes anterior. Muchas bendiciones, que el Señor la acompañe y ayude en esta tarea que hace para tantas personas que necesitan una palabra de aliento. |