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Sí, doy gracias a Dios porque he podido
experimentar lo que significa "familia"; he podido experimentar lo que
quiere decir paternidad, pues he podido comprender desde dentro que Dios
es Padre; sobre la base de la experiencia humana he tenido acceso al
grande y benévolo Padre que está en el cielo. Ante él tenemos una
responsabilidad, pero, al mismo tiempo, él deposita su confianza en
nosotros, porque en su justicia se refleja siempre la misericordia y la
bondad con que acepta también nuestra debilidad y nos sostiene, de modo
que poco a poco podamos aprender a caminar con rectitud. (Benedicto XVI
- 15 de abril de 2007)

La paternidad de Dios en
la Sagrada Escritura
Vicente Collado
Quiero hablarles del Dios
que se revela por primera vez en el Antiguo Testamento. Siendo profesor
del Antiguo Testamento y ya que es ese el mundo que yo conozco,
hablaremos de ello. Dios se revela en el Antiguo Testamento primero que
nada al manifestarnos el designio de Dios. He elegido la palabra
designio para poner de relieve el diseño de Dios, la manifestación de su
voluntad, de su querer; y la primera manifestación del designio de Dios
es el Dios Creador. En la creación Dios se manifiesta como origen y
fuente de todo, y esa es una de las características fundamentales de la
paternidad de Dios, que es origen y fuente de todo, absolutamente de
todo.
La paternidad divina tiene
una característica importante. En el discurso inaugural de este año en
la Facultad de Teología, el profesor Sebastián Fuster nos habló de los
equívocos que origina el llamar a Dios Padre; es decir, podemos
malentender la paternidad de Dios, porque casi sin darnos cuenta
cometemos un error, y es querer comprender a Dios por las cosas humanas
y por tanto miramos la paternidad humana, para ver si desde ahí podemos
entender la paternidad de Dios. Cuando debe ser al revés, (es al revés!
Nosotros tenemos que
cargar de sentido a la paternidad humana desde el conocimiento de la
paternidad de Dios. Y Dios se manifiesta como Padre en la primera
manifestación antes de que supiéramos llamarle así; se manifiesta en la
creación, en el designio creador de Dios; El es origen y fuente de todo.
Y allí ya es donde queda claro que Dios es todopoderoso, con lo cual ya
parece que la paternidad es omnipotente pero al mismo tiempo la
omnipotencia es paternal, porque una omnipotencia que no sea paternal,
puede hacernos sentirnos mal, mientras que una omnipotencia que es
paternal nos hace sentirnos bien. Pero además una paternidad que no
fuera omnipotente, puede hacernos sentirnos mal, porque no podemos
apoyarnos en nuestro padre que no puede, mientras que si nuestro padre
lo puede todo nos sentimos bien con nuestro padre.
Estos dos conceptos,
Omnipotencia y Paternidad, diríamos que se están buscando uno al otro, y
en ese origen de la creación, Dios Todopoderoso va a poner en marcha su
designio. Y lo va a poner, no desde una omnipotencia abrumadora, sino
desde una omnipotencia paternal, y por eso toda la creación va a ser
obra de las manos de Dios Padre.
Esto sería la primera
manifestación de la voluntad de Dios, es decir, de la realidad de Dios
quien en su designio, es decir, en esa manifestación original de su
querer, de su propio querer. Nos damos cuenta que el origen de todas las
cosas es la pura dádiva, el puro don, el regalo más desinteresado que
Dios hace saliendo de sí mismo, para darnos lo más de sí mismo, su
propio querer. La creación es más bien la expresión de la donación ad
extra; la filiación es el propio amor de Dios a quien sólo
conoceremos en la revelación de su Hijo.
Por eso en la paternidad
de Dios, su manifestación intrínseca, la que nosotros no conocemos, la
conocemos sólo por revelación, pero esa paternidad es eterna, desde
siempre, (en la eternidad no hay comienzo ni fin, no hay antes ni
después). Diríamos que el Padre saliendo de sí mismo, por su espíritu de
paternidad engendra al Hijo, que es eterno como el Padre. Y el Hijo
viviendo siempre el espíritu de filiación, está confesando al Padre.
Esto sería un intento de explicación del misterio de la Trinidad como
una especie de círculo cuyo principio está donde nosotros comenzamos a
considerarlo y allí donde está el principio está la fuente y origen de
la Trinidad: el Padre que por Amor engendra al Hijo.
Pero esa paternidad divina
comienza a manifestarse a lo largo del Antiguo Testamento primero por la
filiación y después por otro elemento también importante, y es que el
Dios Padre, se va a manifestar como el Padre del colectivo, que es toda
la creación, y se manifiesta como el Padre de alguna manera modificando
aquellas expresiones del Padre de todos los dioses, o el Padre de todas
las realidades humanas que luego son divinizadas. El Padre, diríamos, es
el de todo lo creado, de todo, absolutamente, es origen y fuente de
todo, pero, comienza el Padre a querer manifestar a lo largo del Antiguo
Testamento esta felicidad que nosotros nos permite llamarlo y sentirle
ahora Padre, pero que antes no lo conocíamos.
Ya en el Antiguo
Testamento aparecerá el término Apadre@ muy limitado, referido a Dios.
En primer lugar aparecerá como padre del pueblo, como un colectivo. Con
una redacción que además es bonita les quiero citar algo en torno a eso
de que el Ahijo@, el pueblo, es considerado de tal forma hijo de Dios, y
es entendido así cuando el autor del libro del Éxodo, nos dice que el
Padre actúa en defensa de su hijo, que es el pueblo de Israel. Y así le
dice al faraón : AOjo, ojo que es mi hijo@, como si le dijera: ALlévate
cuidado con lo que haces con mi hijo@; el Padre está actuando, por
tanto, ahí aparece el término Padre, como Dios que tiene al pueblo como
su hijo: @Yo pondré cerco al faraón, -le dice para animar a Moisés
cuando tiene que ir de cara a él-, y él no dejará salir al pueblo, pero
tú le dirás: Así dice Yawhe >Israel es mi hijo primogénito, yo te ordeno
que dejes salir a mi hijo, para que me sirva. Si te niegas a soltarle,
yo daré muerte a tu primogénito.
El padre es el que sale en
defensa de su hijo.
Es por tanto una primera actividad de la paternidad de Dios que se
manifiesta en el Antiguo Testamento. Es su acción en favor del hijo. No
se trata de la generación del hijo, tampoco de la creación del hijo, la
primera es eterna y constituye la Segunda Persona de la Santísima
Trinidad, mientras que en la segunda acción no se trata del verdadero
hijo sino de aquel a quien Dios trata como a un hijo, es decir al pueblo
a quien ha elegido como su hijo, y lo ha constituido parte de su
heredad, dándole la máxima dignidad posible.
Como hijo primogénito de
Dios, el pueblo tiene que ser libre, y si alguien es hijo, tiene que ser
libre, si no, no sería hijo, sería su esclavo. A veces nosotros en
nuestra pedagogía religiosa, o en nuestras instrucciones, o en el
aprendizaje, hemos insistido excesivamente en nuestra supeditación a
Dios, hemos hablado muchas veces de que tenemos obligación de obedecer a
Dios, y hemos insistido mucho en eso, y eso es contrario a la
revelación, en la que Dios nos invita a quererle y nos ha tratado más
como hijos que como esclavos.
Cuál es el primer
mandamiento de la ley de Dios? Amar a Dios sobre todas las cosas. Hay
alguno que pueda amar sin querer? Entonces o lo hemos entendido mal o
algo no está bien. Lo que nos dice el primer mandamiento es amar a Dios
sobre todas las cosas, o sea, sentir, sentir que Dios, no solamente nos
quiere (y allí es donde viene, yo creo, la gran revelación), sino que
además nos ha hecho a nosotros querer suyo, y nosotros cumplimos el
designio de Dios, cuando queremos, si somos además hijos, que veremos
después asimilado y hecho verdad a lo largo de toda la historia de la
revelación, entonces nosotros querremos como hijos. )Hay algún hijo que
lo sea rebelándose contra su padre?
Hombre, fisiológicamente
sí, porque seguiría siendo hijo; jurídicamente hasta puede que no pierda
sus derechos; )pero es eso ser hijo?, o )ser hijo es cumplir la voluntad
del padre? En la revelación es bien claro, es bien manifiesto, y además
el hijo, se siente orgulloso de su padre y el padre se siente orgulloso
de su hijo. Así es en la revelación, miren, en el libro de la Sabiduria,
donde se reflexiona entorno a ese tema de la filiación hay algunos que
dicen: ALa vida es corta, es triste, y por tanto vivamos y bebamos, que
mañana moriremos. Y afirman: *vamos a vivir la vida con toda
prepotencia, porque ese es el único futuro; yo me voy a morir, pues
entonces vamos a aprovechar el tiempo lo más posible.
Pero nos dice la
introducción a este texto, que eso lo dicen, razonando equivocadamente,
y observando la realidad humana, esa que van viviendo día a día y lo
afirman: Apresemos al justo que nos resulta incómodo, se opone a
nuestras acciones, nos echa en cara las faltas contra la ley, nos
reprende las faltas contra la educación que nos dieron, declara que
conoce a Dios, y dice que él es hijo del Señor. Y más tarde lo dice
todavía más claro, Lleva una vida distinta de los demás, va por un
camino aparte, nos considera de mala vida, y se aparta de nuestras
sendas como si contaminasen. Proclama dichoso el destino de los justos y
se gloría de tener por padre a Dios.
Ya está dicho en uno de
los textos sapienciales cercano a la revelación en el Nuevo Testamento
que el fiel se gloría por tener por padre a Dios. Lean para mayor
inteligencia todo el capítulo 21 del libro de la Sabiduría.
Otra actividad que el
padre ejerce es la educación, es algo que el padre hace con su hijo,
el padre educa a su hijo, y le educa en verdad, y lo educa en
libertad, eso no quiere decir que el padre no corrija al hijo. No sería
buen padre si no corrigiese al hijo. Y en esa educación, que el padre
hace sobre el hijo, aparece con frecuencia la corrección paterna.
El padre no adopta nunca,
absolutamente nunca, una actitud permisiva; él no permite, el padre
quiere y educa al hijo para que el hijo quiera, no le permite las
tropelías o las cosas que hace mal el hijo, no, (no!; el padre no le
urge y exige al hijo, si no que ha hecho al hijo de tal forma, que el
hijo, si es buen hijo, tendrá que hacer lo que su padre quiere y le
re-quiere. Y ahí es donde viene la libertad, ahí es donde viene la gran
libertad, frente a la corrección, que no tiene ese aspecto negativo,
sino que tiene el aspecto de co-rigere, que como todos saben en
latín es cum-regere, le va rigiendo, el padre está rigiendo la
vida del hijo, pero el hijo va a regir junto con el padre su vida, y
lleva el mismo régimen que el padre. Es curioso hasta qué punto el
Padre, tal como aparece como Padre del pueblo, cuando corrige a su hijo,
dice: @Recuerda el camino que Yahve, tu Dios, te ha hecho recorrer estos
40 años por el desierto, para regirte, para ponerte a prueba y conocer
tus intenciones@. O sea que la aflicción, la prueba, son voluntad del
padre que quiere a su hijo, y este es el camino como Dios va
corrigiendo.
Él te afligió haciéndote
pasar hambre y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni
conocieron tus padres para enseñarte, que no sólo de pan vive el hombre,
si no de todo lo que sale de la boca de Dios. Tus vestidos no se han
gastado ni se te han hinchado los pies en estos 40 años para que
reconozcas que Yahve, tu Dios, te ha educado como un padre educa a sus
hijos@. Para que así aprendas que el cumplimiento, es decir, la
realización del designio de Dios es tu bien.
Si entendemos
perfectamente que el padre quiere al hijo y que el hijo es consecuencia
del querer del padre, esa es la verdadera filiación; si es consecuencia
del querer del padre, el padre quiere al hijo, y no podemos entender un
padre que enseñe al hijo a no quererle, es más, a no querer, a no desear
el bien; luego, el padre en la Sagrada Escritura, está apareciendo,
buscando siempre, el bien del hijo. Lo que nosotros llamamos mal, a
veces lo hemos exagerado como algo negativo que se desprende de la
corrección, y ciertamente no me está buscando Dios para eso, si no que
me está buscando para que como hijo me sienta vivo queriendo, que eso es
lo que nos asemeja al padre.
* * *
Es curioso que en esa
historia, interviene, se hace urgente, incluso lo que se llama el
perdón del padre, el padre perdona, y el padre perdona porque ama.
Aquí, ya casi habría que entrar dentro del Nuevo Testamento para dejarlo
bien claro; lo que sería la imagen clara, ya la tienen ustedes: el Padre
da al hijo todo para que el hijo sea, y se lo da todo, y no se reserva
nada, el padre no es egoísta, porque en su misma razón de ser, el Padre
es donación dadivosa, sin ningún interés. El Padre no engendra al hijo
para que el hijo le venere y se someta a su voluntad. Ya hemos advertido
del riesgo de entender la paternidad de Dios desde la paternidad humana.
Que el Padre no hace al
hijo para que el hijo luego le devuelva al Padre la gloria, eso sería
una falsa concepción. No, el Padre hace al hijo, el hijo dará la gloria,
pero la finalidad del Padre no es estar mirando que el hijo le dé
gloria, sino qué es el bien del hijo. El Padre hace al hijo por amor, y
hace al hijo con amor. Entonces el objetivo no es que nosotros demos
gloria a Dios. Evidentemente vamos a dar gloria a Dios, pero dar gloria
a Dios siendo nosotros la realidad que él nos ha dado, que eso es dar
gloria al Padre, pues su voluntad es que nosotros seamos, porque si no,
nos deja confusos la otra formulación. )Cómo voy yo a dar gloria a Dios
si no puedo cumplir la voluntad del que me creó libre para que sea yo
quien quiera cumplir la voluntad del Padre?
Los hijos, con nuestra
infidelidad, podemos no corresponder a esa bondad que el Padre ha
depositado en nosotros; esto tiene una explicación desde el misterio del
mal, desde el misterio del adversario de Dios, o del confundidor (diabolos).
Cuando nosotros jugamos a no vivir, a no ser, a no gozar, a no
participar de la vida, de la bondad de Dios, del bien, cuando esto se
produce, el Padre es *celoso+ de su hijo, en el sentido de celo, no de
celos, el Padre es celoso de su hijo, y busca a su hijo.
Y cuando el hijo, a quien
el Padre le ha dado todo, absolutamente todo, el hijo lo haya pedido, se
revela contra el Padre, y dice esto es mío (dentro de la Teología del
Nuevo Testamento, lo tienen Vds. bien claro que el Padre y Dios son uno
mismo), y se quiere independizar del Padre, puede romper la relación
paternidad-filiación. Entonces, podemos repetir, aprendamos en el modelo
de Dios la paternidad y la filiación, y no al revés. El hijo se
desarrolla, crece, en la sombra del Padre, mejor, en la figura del
Padre. Cuando tratamos de Dios, es difícil hacer una figura del Padre,
pero me gustaría poner un ejemplo: todos utilizan más o menos un
ordenador, y saben lo que es configurar; a veces para poder trabajar
tienen que configurar el ordenador, y todo está de acuerdo, todo
funciona, se desarrolla con esta configuración, con la imagen y
semejanza que Dios ha puesto en el hijo.
Cuando el hijo trabaja de
acuerdo con esa figura, con esa configuración que le ha dado el Padre
que es su voluntad y que es su designio, e intenta revelarse contra el
Padre, pierde el sentido del don, y el don ya no es don, ya soy yo que
se rebela. Y esta es la imagen del hijo pródigo, recibe lo suyo, se va,
lo malgasta, y sin embargo )qué pasa?; pues que al hijo pródigo le queda
todavía una cosa, todo lo que él ha recibido del padre, se lo ha
malgastado, lo ha deshecho, pero le queda algo, y es su padre.
Entonces él piensa volver.
No tiene nada, no tiene ni siquiera el título de hijo, piensa que ya lo
ha perdido: Aporque no soy digno de llamarme hijo tuyo@, pero sin
embargo, no duda, )no duda de qué?, de algo que el padre no solamente ha
depositado, si no que el espíritu paternal está siendo vivo en el hijo,
y es que se siente todavía algo en relación con el padre. Ya no se
siente capaz de llamarse hijo, pero quiere volver al padre. En ese
movimiento, todo eso lo hace ese espíritu que hemos dicho antes que del
Padre pasa al hijo y del hijo pasa al Padre, que ese es el Espíritu
Santo ciertamente como persona de la Santísima Trinidad y como actividad
que a lo largo de la historia se va revelando. Tanto en la formación de
los conceptos, como en la expresión vital que es nuestra vida personal,
nosotros entendemos así nuestra relación con el Padre. El Padre es
amoroso con el hijo, es afectivo con el hijo a pesar de que el hijo se
haya revelado contra el Padre, porque el Padre quiere al hijo, y lo que
quiere es corregirle, quiere devolverle a ese régimen, y entonces el
hijo, cuando acepta, cuando cumple la voluntad del Padre, cuando quiere
como el Padre, entonces el hijo ya tiene el camino libre para Dios.
Pueden entender
perfectamente que esto se realiza en su plenitud total en el Nuevo
Testamento, que es donde nosotros conocemos cuál es la imagen y
semejanza de Dios, cuál es el hijo de Dios. Es más, a esa pregunta, )qué
es el hombre? que se hace el Salmo 8, la respuesta nos la da el hijo.
)Qué es el hombre? Nosotros sabíamos del hombre desgraciadamente muchas
menos cosas.
Después de nuestra
experiencia cristiana todavía continuamos escuchando más todas las
antropologías que salen, no de una teología sino de esa experiencia, de
esos conocimientos, de esa sublimación, de esos esfuerzos que el hombre
va haciendo. Pero hasta que Dios no se ha hecho hombre, nosotros no
hemos tenido conciencia plena de que Dios es nuestro Padre. Como
relación filial, como relación personal, como relación que nos ha
constituido en miembros de la familia de Dios. Los cristianos podemos
responder que el hombre no es sólo el hijo de Adán, ni su existencia es
algo triste, corta, que pasa, como dice el libro de la Sabiduría que
algunos afirman equivocadamente. (No!; el hombre no es eso, el hombre es
hijo de Dios. Esa es la solución, esa es la respuesta a lo que es el
hombre, lo cual no quita dignidad al hecho de la autonomía del hombre,
sino todo lo contrario, porque nada teníamos para ser hijos suyos, lo ha
hecho por amor, porque nos ha querido y ha querido darnos esa dignidad
noble y abundante.
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originalmente
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Que la Paz sea
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