SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS
    Entrevista al Padre Agustí Miarnau

 

 

 

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-. ¿Quién es María, la judía madre de Jesús?


María, la madre de Jesús, es la señora llena de gracia y virtudes, concebida sin pecado original, siempre virgen, madre de Dios y madre nuestra, que está en el cielo en cuerpo y alma.

 

La Virgen María es una persona extraordinaria porque ha tenido una relación única con Dios; ella es Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Esposa purísima de Dios Espíritu Santo. Y, al mismo tiempo, María es templo de la Santísima Trinidad, por lo tanto no hay ninguna criatura que pueda tener una relación más grande y más estrecha con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. La Virgen María es la obra cumbre de Dios. 

 

-. ¿Cómo sabemos que María es madre Dios?


Los cristianos sabemos que María es madre de Dios porque sabemos que Jesús es verdaderamente Dios. Como sabemos que María es verdaderamente madre de Jesús, luego sabemos que María es verdaderamente madre de Dios.

 

-. Decimos que María es madre de Dios, porque creemos que Jesús es Dios. Pero, ¿cómo sabemos que Jesús es Dios?


Sabemos que Jesús es Dios, porque Jesús nos lo ha demostrado con sus palabras y, fundamentalmente, con sus obras. Su doctrina sublime e inmejorable, y todo lo que hizo, nos demuestra que Él es Dios. ¿Puede resucitar a los muertos un hombre que no sea Dios? (Jn 11,1-44). Jesús perdonó los pecados de un paralítico al que antes había restablecido la salud (Mc 2,1-12). ¿Puede perdonar los pecados un hombre que no sea Dios? Jesús, anduvo sobre las aguas del lago de Tiberíades (Mt 14,22-33) y calmó la tempestad de este mismo lago (Mt 8,23-27), ¿lo puede hacer alguien que no sea Dios? Jesús hizo que vieran los ciegos (Mc 10,46-52), que oyeran los sordos (Mc 7,31-37), que los paralíticos andasen (Jn 5,1-9), que los muertos resucitasen (Mc 5,21-24 y 35-43), que los leprosos fuesen purificados (Lc 17,11-19), que los demonios fuesen expulsados de los poseídos (Lc 4,31-37).

 

¿Puede uno que no sea Dios, hacer todos estos milagros? Algunos de sus discípulos le vieron resucitado al tercer día de haber muerto, ¿hay algún otro ser humano, en toda la historia de la humanidad, que haya resucitado y que sean centenares, por lo menos, los testigos de su resurrección? ¿Puede un hombre cabal, como demostró ser Jesús a lo largo de toda su vida, morir por afirmar algo que sabe que le va a conducir inexorablemente a ser condenado a muerte y, al mismo tiempo, sabiendo que es una mentira? Podía, Jesús, decir a Caifás, el sumo sacerdote del pueblo de Israel, que Él era el Mesías, el Hijo de Dios (Mt 26,63-64) sabiendo que era una mentira y sabiendo, al mismo tiempo, que esta afirmación le llevaba inevitablemente a la muerte? El escándalo que produjo al Sanedrín, que Jesús se reconociera como Hijo de Dios, y por lo tanto Dios, era lo que le llevó a ser condenado a muerte. Y, sin embargo, Jesús no ocultó la verdad, aún a costa de su vida. En resumen, pues, las obras y las palabras de Jesús de Nazaret nos demuestran que Él es Dios.

 

-. La fe, de los que rodearon al Nazareno, les llevó a confesar que verdaderamente, Él era Dios, que Jesús es Dios. ¿En qué pasajes, de la Sagrada Escritura, de la Santa Biblia, encontramos la confesión de fe de los primeros discípulos de Jesús?


Vamos a citar solamente algunos pasajes más representativos, a modo de ejemplo:

 

1- San Juan, inspirado por el Espíritu Santo dice:
<<En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios>> (Jn 1,1), y, más adelante, el mismo san Juan afirma: <<Y el Verbo se hizo carne>> (Jn 1,14). Este Verbo (o sea, la Palabra), hecho carne, es Jesús de Nazaret, que nació de santa María virgen. <<A Dios nadie lo ha visto jamás, el Hijo Unigénito [Jesús de Nazaret], que es Dios y está en el seno del Padre, Él es quien lo dio a conocer.>> (Jn 1,18).

 

2- El mismo Jesús, dijo: << El que me ha visto a mí, ha visto al Padre… ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí?>>. (Jn 14,9-10), <<Mi Padre y yo somos una sola cosa>> (Jn 10,30). Ante esta última afirmación los judíos intentaron apedrear a Jesús, a lo que Jesús les dijo: <<Muchas obras buenas hice a favor vuestro de parte de mi Padre: ¿por cuál de esas obras queréis apedrearme? Le respondieron los judíos: no queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios>> (Jn 10,32-33). Los judíos, pues, captaron perfectamente que Jesús se presentaba a sí mismo como Hijo de Dios y, por lo tanto, como Dios. Esto es lo que ellos no estaban dispuestos a aceptar y por eso lo mataron. 

 

3- Cuando el apóstol santo Tomás reconoció a Jesús resucitado exclamó: <<¡Señor mío y Dios mío!>> (Jn 20,28). A lo que Jesús, le respondió: <<Porque me has visto has creído. Dichosos los que creerán sin haber visto>> (Jn 20,29). En estos momentos, Jesús, sin duda, estaba pensando en todos nosotros.

 

 

-. ¿Cómo podemos comprender que María sea madre de Dios? ¿Cómo comprender el misterio de la Encarnación?


Para comprender el misterio de la Encarnación, que María sea verdadera madre de Dios, debemos tener, por lo menos, una noción del misterio de Dios, del misterio de la Santísima Trinidad. ¿Qué nos dice este misterio? Este misterio nos dice, explicado brevemente, que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo desde toda la eternidad. Que el Padre es Dios, que el Hijo es Dios y que el Espíritu Santo es Dios; sin embargo, no existen tres dioses, sino un solo Dios, porque cada una de las tres personas de la Santísima Trinidad es la totalidad de Dios, porque cada una de las tres personas distintas, son de la mismísima y única naturaleza, esencia o sustancia. Luego, los tres son un solo Dios verdadero. Este misterio nos lo ha revelado el mismo Jesús, el Hijo de Dios, y está contenido en la Biblia, especialmente en el Nuevo Testamento; así lo ha comprendido siempre la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

 

Decimos que María es madre de Dios, porque al llegar a la plenitud de los tiempos, Dios Padre envió a Dios Hijo, (El Verbo, la Palabra) al mundo para hacerse hombre, esto es, encarnarse, en el seno purísimo de la santísima Virgen María, por obra y gracia de Dios Espíritu Santo; sin necesidad, por tanto, de la concurrencia de ningún varón (Lc 1,34-35). El Hijo eterno de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad, en el seno purísimo de María, no se unió a una carne preexistente que moraba en el seno de María, sino que la Virgen María engendró, de su misma carne, a Dios Verbo. Por lo tanto, la Virgen María es verdadera madre de Dios, porque María engendró en carne humana al Hijo eterno de Dios, Dios Verbo, Dios. La definición dogmática de que María es madre de Dios, la encontramos en el Concilio de Éfeso, que cita a san Cirilo de Alejandría, el cual llama a María: “Theotokos”, es decir: “engendradora de Dios”, Madre de Dios (año 431).

 

-. ¿Qué diferencia hay entre el Hijo eterno de Dios, es decir, Dios Hijo (el Verbo) y Jesús de Nazaret?


Dios Hijo (el Verbo) y Jesús de Nazaret son absolutamente la misma persona y la misma sustancia (hipóstasis), sólo que el Hijo eterno de Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad es solamente de naturaleza divina antes de la encarnación y en el momento de encarnarse, al hacerse hombre, esta naturaleza divina (del Verbo) se hizo humana (Jesús) sin dejar de ser divina. Por eso el Hijo de Dios antes de la encarnación es sólo de naturaleza divina, pero, después de la encarnación, Jesús de Nazaret, es de naturaleza divina y humana; porque en realidad estas dos naturalezas confluyen en una sola persona y sustancia que es el Hijo eterno de Dios, que es Jesús. Absolutamente “uno y el mismo”, tal y como no se cansa de repetir el Concilio de Calcedonia (año 451).

 

Después de esta explicación de la encarnación, comprendemos que no podemos ver en Jesucristo a dos personas: al Hijo de Dios y al Hombre Jesús, como si en el interior de Jesús hubiera dos seres: Dios por un lado y un hombre por el otro lado, a este error se le llama nestorianismo. La verdad es que: la totalidad de Jesús es Dios y la totalidad de Jesús es hombre. Como María engendró y dio a luz al hombre Jesús, por eso engendró y dio a luz al mismo Dios.

 

En resumen: Jesús es Dios. El Concilio de Nicea (año 325) nos lo dice claramente: << [Jesús es] Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre>> (“Consubstantialem Patre”). Y María es Madre de Dios, así lo dice, entre otros, el Concilio de Calcedonia (año 451): [Jesús] <<Engendrado del Padre antes de los siglos según la divinidad, y en los últimos días, por nosotros y por nuestra salvación, engendrado de María Virgen, la madre de Dios, según la humanidad>>

 

 

-. ¿Del hecho de que María sea madre de Dios, de este título dogmático, dependen todos los demás títulos que posee santa María? ¿Por qué?


Evidentemente, como Dios había predestinado a la Virgen María, desde toda la eternidad, para ser la madre del Hijo de Dios, la madre de Dios (Con. Vaticano II, Const. Ap. L.G., 56, año 1965), Él mismo, Dios, la hace digna de tan alta misión; por esta razón, María fue concebida sin pecado original, es decir que su Concepción fue Inmaculada, sin pecado. Dios quiso que fuera siempre virgen y, por último, que fuera llevada al cielo en cuerpo y alma.

 

Dios hizo que María fuese como Jesús; que fuese una mujer, porque es una criatura humana, pero al mismo tiempo que fuese divina, dándole la naturaleza divina. Que nadie se escandalice de lo que acabo de decir, porque san Pedro nos dice en su segunda carta que participamos de la naturaleza divina (2 Pe 1,3-4). Pues bien, la Virgen María, desde el principio de su existencia tuvo la plenitud de la naturaleza divina, ella es llena de gracia, así la llamó el Ángel (Lc 1,28). Y Jesús es Dios hecho hombre; por naturaleza es Dios pero por la Virgen María es también hombre porque su carne, la carne de María, fue la carne de la que Dios se hizo hombre, y la Virgen María es una criatura humana pero por la gracia de Dios es divina, llena del Espíritu Santo, llena de gracia, <<el Señor está contigo>>, luego Dios está contigo. María es la llena de Dios.

 

Finalmente, hay otra razón por la cual María es divina: Dios quiso que no solamente hubiera un hombre perfecto: Jesús de Nazaret, sino que también hubiera una mujer perfecta: María de Nazaret, su santísima Madre. Jesús y María debían ser el Nuevo Adán y la Nueva Eva de la humanidad “recreada” y redimida por Cristo. Si los primeros, Adán y Eva, pecaron; los segundos, Jesús y María, debían liberarnos del pecado. Si por los primeros vino el pecado al mundo, por los segundos vino la santidad. Dios quiere que todos seamos, ahora, a imagen y semejanza de su Hijo Jesús y de su Santísima Madre María.

 

 

 

 

El P. Agustí Miarnau es licenciado en Teología Dogmática.