Subió a una barca, cruzó de nuevo el mar y llegó a su ciudad.
Entonces, le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver Jesús la fe de ellos, le dijo al paralítico: -Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados.
Entonces algunos escribas dijeron para sus adentros: "Éste blasfema".
Conociendo Jesús sus pensamientos, dijo: -¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?
¿Qué es más fácil decir: "Tus pecados te son perdonados", o decir: "Levántate, y anda"?
Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar los pecados -se dirigió entonces al paralítico-, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.
Él se levantó y se fue a su casa.
Al ver esto, la gente se atemorizó y glorificó a Dios por haber dado tal potestad a los hombres.
Meditación del día
Ánimo, tus pecados están perdonados
Uno era el paralítico, los otros le acompañaban, pero todos tenían fe y, por la fe de todos, Dios, Jesús, perdonó LOS PECADOS del paralítico. Lo hizo, pudo hacerlo; podía hacerlo y lo hizo.
Unámonos todos y recemos con fe a Dios Padre en nombre de Dios Hijo, por el pecador, por el enfermo y, que rece él mismo, y Dios le perdona sus pecados y lo cura también. Pero rezando y con fe, llevémosle y vayamos a la Iglesia, al Sagrario, a la Comunión, pasando antes por la confesión, y allí hallaremos a Jesús que nos dirá, al ver nuestra fe: Tus pecados le son perdonados.
Y siempre habrá quien se escandalizará del poder de Dios. Pero: ¡Dios es Dios! ¿Qué problema hay que haga de Dios?