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PREPARACIÓN AL MATRIMONIO
Autor:
Maria Duran de Bellido
Publicado por: CatholicosOnLine.com
MATRIMONIO
1ª Parte: CONOCIÉNDONOS A NOSOTROS
MISMOS.
¿Quienes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos?
Quiero
hablarte como si fuera tu madre, quiero explicarme como si fueras
tú mi amado hijo o mi amada hija. ¡Te amo!
Pido
fervientemente a Dios Padre y a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo,
que pueda yo servirte y ser tu guía en los asuntos tan importantes
y tan maravillosos como son los del corazón romántico. Ruego a tu
Ángel de la guarda que te proteja de todo mal y te lleve al bien
del amor romántico-sentimental-espiritual-apasionado-social.
*Romántico, porque es de nuestros sueños, de nuestros deseos más
íntimos, de esas ilusiones del alma que recuerda al amor primero;
al amor de Dios que la creo cuando la Beso; en este beso de amor
que la despertó a su individualidad, y penetrando por la gracia de
Dios, junto al amor humano de unos enamorados esposos, (así
tendríamos que haber nacido todos, así lo dispuso y lo quiere Dios
nuestro Señor del Amor), se unió a la sangre y al esperma y se
hizo persona libre y con voluntad individual.
*Sentimental, porque nos hechiza y nos nubla la razón, por
momentos; ya que nos hace vibrar, como cuerdas de arpa en manos
del enamorado que al rozarnos, al mirarnos, enciende en nosotros,
un amor bueno, el amor, que al amar nos hace buenos, nos empuja a
ser mejores personas, para agradar al amado, a la amada, y
fascinarlo hasta rendirle el alma solitaria, que como nosotros,
anda por la vida recordando este Beso de Dios y nuestra ida a la
vida terrena para pasar las pruebas con que el Amado comprobará
nuestro verdadero amor por y para Él: nuestro Dios Creador y
Eterno dador de vida. Nuestra alma ansia fundirse a otra a
semejanza de la unión que poseía con Dios; nuestra alma ansia
amor, clama ¡amor!
Ay
Amado ¿Dónde estás?
¿Dónde
te escondes Amor?
¡Bésame
al alma!
Deseo
recordar el Beso del Amor de Dios.
*Espiritual, porque amamos al ser del otro, no sólo el cuerpo,
sino los movimientos de ese cuerpo, su voz, sus gestos, y esto
demuestra como es su alma, que al ser espiritual se deja ver por
nuestro cuerpo, y al verlo, sabemos que somos unos totalmente
distintos a otros, porque cada alma es irrepetible, cada amor
único, cada persona diferente y maravillosa, porque es Dios quien
nos anima y nos infunde continuamente la vida. Si Dios dejará de
pensar en nosotros, dejaríamos de existir, y no abríamos muerto,
sino que no existiríamos, porque incluso Dios recuerda a los
muertos que viven en la otra vida, para siempre.
*Apasionado, porque al permitir Dios nuestro Señor del Amor, que
pasáramos a la vida, a la humanidad, nos fusionó alma y cuerpo,
por eso el alma está en todo el cuerpo, porque el cuerpo vive por
el alma que la anima y la “empuja” a obrar, y obrando demostramos
lo que guardamos en el alma y que es toda de Dios, y por lo cual,
debemos ser como otro Cristo, porque Cristo es Dios y su Alma
vivió en el cuerpo de Jesús; en esta misma tierra, que tú y yo
pisamos aún hoy. Andó por sus pies, habló con su voz; como hacemos
tú y yo, y si Dios fue bueno y amó, tú y yo, podemos ser buenos y
amarnos con el motor de la pasión que nos une o nos separa unos de
otros. Y la pasión unida al espíritu, al sentimiento y al
romanticismo, hace que esa persona que es para nosotros-as,
especial y única, por todas esas cosas juntas, sea ese amor bueno,
lícito, permitido y agradable a Dios en total unidad de su propio
Amor universal.
La
pasión es la razón “en bruto”, es decir, es lo que sentimos como
seres humanos que somos, y ayudada por lo espiritual, el alma es
lo que da razón, es lo que nos hace razonables. El cuerpo si se
desentiende del espíritu, es como bestia, animal o vegetal o
piedra, depende de si es más o menos apasionada la persona;
depende de si es más o menos sentimental o romántica. La razón es
la compenetración de cuerpo carnal y alma espiritual, porque el
alma salida de Dios, es amor y bondad, y unida al cuerpo que es
pasión: por sus músculos, por sus necesidades de supervivencia,
busca vivir, busca servirse así misma, satisfacerse, nutrirse,
abastecerse de lo que cree que le conviene como cuerpo que
realmente es, siendo además lo que somos y vive para siempre:
alma, alma inmortal, ida a la vida para amarla, para hacer del
tiempo, de los minutos, de las horas, los días, un recuerdo de lo
que vivía unida a Dios. Por eso todos tenemos esas ganas enormes
de hacer un mundo mejor: un Paraíso, ¡el Edén! porque somos
“sacados” del tiempo eterno para vivir una cortísima vida con
nuestro cuerpo y hacer con él, lo mismo que Cristo hizo y nos
pidió: “Amaros los unos a los otros como Yo Dios os he amado”.
Allí, antes de nacer a la vida terrena, allí, nuestro Dios y cada
uno de nosotros “hacia el amor”, es decir; estábamos unidos en un
solo. Por eso muchos de nosotros recordando tan amada unión eterna
en el amor de Dios Padre y Dios Hijo y Dios Espíritu Santo,
necesitamos fundirnos con otra alma, aquí en la tierra; y Dios lo
permite, y Dios lo quiere, porque de esta unión de amor (que así
tendría que ser siempre), nacieran nuestros amados hijos e hijos
de Dios, por esa trinidad de amor entre el esposo, la esposa y
Dios en Trinidad y Unidad. Necesitamos a otra persona de distinto
sexo para fundirnos en un solo ser y con amor total, ser amor en
todos nuestros actos, y amando con alma y cuerpo servirnos y
hacernos felices en todos los sentidos: del cuerpo, el espíritu,
los sentimientos y el romanticismo. 
*Social, sí, al ser dos ya es social, ya nos asociamos uno al
otro, ya dejamos de pensar por uno mismo y pensamos y vivimos para
el otro, y para los otros: nuestros hijos, nacidos del amor
romántico-sentimental-espiritual-apasionado-social. Y por ser
hijos nosotros de unos padres, amamos y honramos a quién uniéndose
en amor, (así debería ser siempre, así lo quiere Dios, y así lo
dispuso Él mismo), nos dio de su ser carnal y nos formamos en un
cuerpo físico, siendo la semilla de Dios mismo, esa alma que somos
y que anda a Dios y los busca desesperadamente en esta vida
terrena.
Hay
quien recordando más a Dios que otros, prefiere unirse sólo a
Cristo, y se hace sacerdote, religioso-a, laico-a consagrado-a.
Estas son almas escogidas por el mismo Dios para que viviendo su
amor esponsal con Él y sólo Él, hagan junto a todos, por ser almas
de servicio a los demás por amor a Dios, ese Paraíso que perdimos
por el primer pecado de la historia universal, ya que antes Dios
estaba con Adán y Eva y ahora sigue estándolo gracias a los
sacerdotes que nos lo entregan a través y con los sacramentos que
tiene la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana.
Perdimos la fragancia de Dios que después de crearnos se gozaba
con nosotros los hombres, en nuestros primeros padres, que por
desobedecer la voluntad de Dios, apartándose de Él, tentada la
primera mujer carnal, se desviara de los planes que Dios tenía con
ella y con su esposo Adán, de darnos una vida eterna con cuerpo y
alma unidos totalmente en el bien del amor a Dios, que siendo
bueno y sabio, sólo desea lo bueno, lo mejor para todos, sino no
sería Dios. Pero ella, Eva, se olvidó de amar a Dios sobre todas
las cosas, y pecando contra Dios, es decir, que haciendo
libremente lo que Dios no quería, que eso es el pecado: ir contra
Dios, ¡contra el Amor que amándonos nos dio vida y que sin Sus
deseos no seríamos!; y pecando Eva, fue a Adán y lo sedujo a
abandonar el amor con que Adán amaba a Dios; y dejó Adán su amor
a Dios y libremente desobedeció la voluntad de Dios, que era su
propia felicidad, y pecando como Eva, ambos perdieron libremente
su vida eterna en la tierra. Y hay quienes de nosotros, que por
voluntad Divina, sienten la llamada del mismo Dios, y se consagran
a Él, en virginidad y castidad, para ser para Dios, almas
escogidas, como también escoge Dios a esas almas, que en Su amor y
amándose en consagración a Dios, darán, si Dios lo permite, vida a
las almas que Dios crea para que pasen en la tierra, las pruebas
para demostrarle su amor a Él, al Dios fiel, que nos espera tras
la puerta de la muerte terrena, para volver a Besarnos, sabiendo
que lo amamos tanto que por Él, por Dios, renunciamos a nosotros
mismos, para obedecerle en sus deseos de que amándole sobre todas
las cosas, amemos a los demás, a todos los demás, como a nosotros
mismos.
Eso es vivir hijos míos, eso es a lo que hemos venido a este
maravilloso mundo, lleno de oportunidades para agradar a Dios y
hacer Su voluntad.
Tú, tú
tienes vocación al matrimonio, ¿verdad?, tú deseas recordar a Dios
en la trinidad de un santo matrimonio: Dios, tú, y ella, o él,
depende de si eres hombre o mujer, porque la compenetración de los
cuerpos sólo puede ser unidas las dos especies: hombre y mujer;
¡así es la realidad de la naturaleza! que usa de esta unión para
darle a Dios la oportunidad de Besar un alma escogida para pasar
las pruebas de la vida e ir a la eternidad de este otro Reino
donde viviremos alma y cuerpo, por el cuerpo glorioso que Dios
formará de ese cuerpo carnal.
El amor
de Dios nos empuja a buscar amor, primero Su amor, y con Él, a la
persona que amándola con amor
romántico-sentimental-espiritual-apasionado-social, nos amará
libremente, como Dios también quiere ser amado, y en nuestra
libertad nos uniremos los tres bajo el sacramento del Santo
Matrimonio Canónico.
Tú, sí,
tú quieres enamorarte y amar y ser amado-a, tú tienes vocación al
matrimonio.
Hablaremos de ello...

Que la Paz sea
contigo |