|
1. Oír misa entera
todos los domingos y fiestas de guardar.
2. Confesar los pecados mortales al menos una vez al año, y en
peligro de muerte, y si se ha de comulgar.
3. Comulgar al menos por Pascua de Resurrección.
4. Ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Santa
Madre Iglesia.
5. Ayudar a la Iglesia en sus necesidades.
Del Catecismo de la Iglesia Católica
2041 Los
mandamientos de la Iglesia se sitúan en la línea de una vida moral
referida a la vida litúrgica y que se alimenta de ella. El
carácter obligatorio de estas leyes positivas promulgadas por la
autoridad eclesiástica tiene por fin garantizar a los fieles el
mínimo indispensable en el espíritu de oración y en el esfuerzo
moral, en el crecimiento del amor de Dios y del prójimo. Los
mandamientos más generales de la Santa Madre Iglesia son cinco
2042 El primer mandamiento (oír misa entera los domingos y
fiestas de precepto) exige a los fieles participar en la
celebración eucarística, en la que se reúne la comunidad
cristiana, el día en que conmemora la Resurrección del Señor, y en
aquellas principales fiestas litúrgicas que conmemoran los
misterios del Señor, la Virgen María y los santos. El segundo
mandamiento (confesar los pecados mortales al menos una vez al
año, y en peligro de muerte, y si se ha de comulgar) asegura la
preparación para la Eucaristía mediante la recepción del
sacramento de la Reconciliación, que continúa la obra de
conversión y de perdón del Bautismo. El tercer mandamiento
(comulgar por Pascua de Resurrección) garantiza un mínimo en la
recepción del Cuerpo y la Sangre del Señor en relación con el
tiempo de Pascua, origen y centro de la liturgia cristiana.
2043 El cuarto mandamiento (ayunar y abstenerse de comer
carne cuando lo manda la Santa Madre Iglesia) asegura los tiempos
de ascesis y de penitencia que nos preparan para las fiestas
litúrgicas; contribuyen a hacernos adquirir el dominio sobre
nuestros instintos y la libertad del corazón. El quinto
mandamiento (ayudar a la Iglesia en sus necesidades) señala la
obligación de ayudar, cada uno según su capacidad, a subvenir a
las necesidades materiales de la Iglesia.

Que la Paz sea
contigo
|