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1- Amarás a Dios sobre todas las
cosas.
2- No tomarás el nombre de Dios en vano..
3- Santificarás el día del Señor.
4- Honrarás a tu padre y a tu madre.
5- No matarás.
6- No cometerás actos impuros.
7- No robarás.
8- No levantarás falsos testimonios ni mentirás.
9- No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
10-No codiciarás los bienes ajenos.
Del Catecismo de la Iglesia Católica, TERCERA PARTE LA VIDA EN
CRISTO
SEGUNDA SECCIÓN, LOS DIEZ MANDAMIENTOS

“Maestro, ¿qué he de hacer...?”
2052 ‘Maestro, ¿qué he de hacer yo de bueno para conseguir la
vida eterna?’ Al joven que le hace esta pregunta, Jesús responde
primero invocando la necesidad de reconocer a Dios como ‘el único
Bueno’, como el Bien por excelencia y como la fuente de todo bien.
Luego Jesús le declara: ‘Si quieres entrar en la vida, guarda los
mandamientos’. Y cita a su interlocutor los preceptos que se
refieren al amor del prójimo: ‘No matarás, no cometerás adulterio,
no robarás, no levantarás testimonio falso, honra a tu padre y a
tu madre’. Finalmente, Jesús resume estos mandamientos de una
manera positiva: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’ (Mt 19,
16-19).
2053 A esta primera respuesta se añade una segunda: ‘Si
quieres ser perfecto, vete, vende lo que tienes y dáselo a los
pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme’ (Mt
19, 21). Esta res puesta no anula la primera. El seguimiento de
Jesucristo implica cumplir los mandamientos. La Ley no es abolida
(cf Mt 5, 17), sino que el hombre es invitado a encontrarla en la
Persona de su Maestro, que es quien le da la plenitud perfecta. En
los tres evangelios sinópticos la llamada de Jesús, dirigida al
joven rico, de seguirle en la obediencia del discípulo, y en la
observancia de los preceptos, es relacionada con el llamamiento a
la pobreza y a la castidad (cf Mt 19, 6-12. 21. 23-29). Los
consejos evangélicos son inseparables de los mandamientos.
2054 Jesús recogió los diez mandamientos, pero manifestó la
fuerza del Espíritu operante ya en su letra. Predicó la ‘justicia
que sobre pasa la de los escribas y fariseos’ (Mt 5, 20), así como
la de los paganos (cf Mt 5, 46-47). Desarrolló todas las
exigencias de los mandamientos: ‘habéis oído que se dijo a los
antepasados: No matarás... Pues yo os digo: Todo aquel que se
encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal’ (Mt 5,
21-22).
2055 Cuando le hacen la pregunta: ‘¿cuál es el mandamiento
mayor de la Ley?’ (Mt 22, 36), Jesús responde: ‘Amarás al Señor tu
Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.
Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante
a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos
mandamientos penden toda la Ley y los Profetas’ (Mt 22, 37-40; cf
Dt 6, 5; Lv 19, 18). El Decálogo debe ser interpretado a la luz de
este doble y único mandamiento de la caridad, plenitud de la Ley:
En
efecto, lo de: No adulterarás, no matarás, no robarás, no
codiciarás y todos los demás preceptos, se resumen en esta
fórmula: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. La caridad no hace
mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud
(Rm 13, 9-10).
2056 La palabra ‘Decálogo’ significa literalmente ‘diez
palabras’ (Ex 34, 28 ; Dt 4, 13; 10, 4). Estas ‘diez palabras’
Dios las reveló a su pueblo en la montaña santa. Las escribió ‘con
su Dedo’ (Ex 31, 18), a diferencia de los otros preceptos escritos
por Moisés (cf Dt 31, 9.24). Constituyen palabras de Dios en un
sentido eminente. Son transmitidas en los libros del Exodo (cf Ex
20, 1-17) y del Deuteronomio (cf Dt 5, 6-22). Ya en el Antiguo
Testamento, los libros santos hablan de las ‘diez palabras’ (cf
por ejemplo, Os 4, 2; Jr 7, 9; Ez 18, 5-9); pero su pleno sentido
será revelado en la nueva Alianza en Jesucristo.
2057 El Decálogo se comprende ante todo cuando se lee en el
con texto del Exodo, que es el gran acontecimiento liberador de
Dios en el centro de la antigua Alianza. Las ‘diez palabras’, bien
sean formula das como preceptos negativos, prohibiciones, o bien
como mandamientos positivos (como ‘honra a tu padre y a tu
madre’), indican las condiciones de una vida liberada de la
esclavitud del pecado. El Decálogo es un camino de vida:
Si
amas a tu Dios, si sigues sus caminos y guardas sus
mandamientos, sus preceptos y sus normas, vivirás y te
multiplicarás (Dt 30, 16).
Esta
fuerza liberadora del Decálogo aparece, por ejemplo, en el
mandamiento del descanso del sábado, destinado también a los
extranjeros y a los esclavos:
Acuérdate de que fuiste esclavo en el país de Egipto y de que tu
Dios te sacó de allí con mano fuerte y con tenso brazo (Dt 5,
15).
2058 Las ‘diez palabras’ resumen y proclaman la ley de Dios:
‘Estas palabras dijo el Señor a toda vuestra asamblea, en la
montaña, de en medio del fuego, la nube y la densa niebla, con voz
potente, y nada más añadió. Luego las escribió en dos tablas de
piedra y me las entregó a mí’ (Dt 5, 22). Por eso estas dos tablas
son llamadas ‘el Testimonio’ (Ex 25, 169, pues contienen las
cláusulas de la Alianza establecida entre Dios y su pueblo. Estas
‘tablas del Testimonio’ (Ex 31, 18; 32, 15; 34, 29) se debían
depositar en el ‘arca’ (Ex 25, 16; 40, 1-2).
2059 Las ‘diez palabras’ son pronunciadas por Dios dentro de
una teofanía (‘el Señor os habló cara a cara en la montaña, en
medio del fuego’: Dt 5, 4). Pertenecen a la revelación que Dios
hace de sí mismo y de su gloria. El don de los mandamientos es don
de Dios y de su santa voluntad. Dando a conocer su voluntad, Dios
se revela a su pueblo.
2060 El don de los mandamientos de la ley forma parte de la
Alianza sellada por Dios con los suyos. Según el libro del Exodo,
la revelación de las ‘diez palabras’ es concedida entre la
proposición de la Alianza (cf Ex 19) y su ratificación (cf Ex 24),
después que el pueblo se comprometió a ‘hacer’ todo lo que el
Señor había dicho y a ‘obedecerlo’ (Ex 24, 7). El Decálogo no es
transmitido sino tras el recuerdo de la Alianza (‘el Señor,
nuestro Dios, estableció con nosotros una alianza en Horeb’: Dt 5,
2).
2061 Los mandamientos reciben su plena significación en el
interior de la Alianza. Según la Escritura, el obrar moral del
hombre adquiere todo su sentido en y por la Alianza. La primera de
las ‘diez palabras’ recuerda el amor primero de Dios hacia su
pueblo:
Como había habido, en castigo del pecado, paso del paraíso de la
libertad a la servidumbre de este mundo, por eso la primera
frase del Decálogo, primera palabra de los mandamientos de Dios,
se refiere a la libertad: ‘Yo soy el Señor tu Dios, que te sacó
de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre’ (Ex 20, 2; Dt
5, 6) (Orígenes, hom. in Ex. 8, 1).
2062 Los mandamientos propiamente dichos vienen en segundo
lugar. Expresan las implicaciones de la pertenencia a Dios
instituida por la Alianza. La existencia moral es respuesta
a la iniciativa amorosa del Señor. Es reconocimiento, homenaje a
Dios y culto de acción de gracias. Es cooperación con el designio
que Dios se propone en la historia.
2063 La alianza y el diálogo entre Dios y el hombre están
también confirmados por el hecho de que todas las obligaciones se
enuncian en primera persona (‘Yo soy el Señor...’) y están
dirigidas a otro sujeto (‘tú’). En todos los mandamientos de Dios
hay un pronombre personal en singular que designa el
destinatario. Al mismo tiempo que a todo el pueblo, Dios da a
conocer su voluntad a cada uno en particular:
El
Señor prescribió el amor a Dios y enseñó la justicia para con el
prójimo a fin de que el hombre no fuese ni injusto, ni indigno
de Dios. Así, por el Decálogo, Dios preparaba al hombre para ser
su amigo y tener un solo corazón con su prójimo... Las palabras
del Decálogo persisten también entre nosotros (cristianos).
Lejos de ser abolidas, han recibido amplificación y desarrollo
por el hecho de la venida del Señor en la carne. (S. Ireneo,
haer. 4, 16, 3-4).
El Decálogo en la Tradición de la Iglesia
2064 Fiel a la Escritura y siguiendo el ejemplo de Jesús, la
Tradición de la Iglesia ha reconocido en el Decálogo una
importancia y una significación primordiales.
2065 Desde san Agustín, los ‘diez mandamientos’ ocupan un
lugar preponderante en la catequesis de los futuros bautizados y
de los fieles. En el siglo XV se tomó la costumbre de expresar los
preceptos del Decálogo en fórmulas rimadas, fáciles de memorizar,
y positivas. Estas fórmulas están todavía en uso hoy. Los
catecismos de la Iglesia han expuesto con frecuencia la moral
cristiana siguiendo el orden de los ‘diez mandamientos’.
2066 La división y numeración de los mandamientos ha variado
en el curso de la historia. El presente catecismo sigue la
división de los mandamientos establecida por san Agustín y que ha
llegado a ser tradicional en la Iglesia católica. Es también la de
las confesiones luteranas. Los Padres griegos hicieron una
división algo distinta que se usa en las Iglesias ortodoxas y las
comunidades reformadas.
2067 Los diez mandamientos enuncian las exigencias del amor de
Dios y del prójimo. Los tres primeros se refieren más al amor de
Dios y los otros siete más al amor del prójimo.
Como la caridad comprende dos preceptos en los que el Señor
condensa toda la ley y los profetas..., así los diez preceptos
se dividen en dos tablas: tres están escritos en una tabla y
siete en la otra. (S. Agustín, serm. 33, 2, 2).
2068 El Concilio de Trento enseña que los diez mandamientos
obligan a los cristianos y que el hombre justificado está también
obligado a observarlos (cf DS 1569-1670). Y el Concilio Vaticano
II afirma que: ‘Los obispos, como sucesores de los apóstoles,
reciben del Señor... la misión de enseñar a todos los pueblos y de
predicar el Evangelio a todo el mundo para que todos los hombres,
por la fe, el bautismo y el cumplimiento de los mandamientos,
consigan la salvación’ (LG 24).
La unidad del Decálogo
2069 El Decálogo forma un todo indisociable. Cada una de las
‘diez palabras’ remite a cada una de las demás y al conjunto; se
condicionan recíprocamente. Las dos tablas se iluminan mutuamente;
forman una unidad orgánica. Transgredir un mandamiento es
quebrantar todos los otros (cf St 2, 10-11). No se puede honrar a
otro sin bendecir a Dios su Creador. No se podría adorar a Dios
sin amar a todos los hombres, que son sus creaturas. El Decálogo
unifica la vida teologal y la vida social del hombre.
El Decálogo y la ley natural
2070 Los diez mandamientos pertenecen a la revelación de Dios.
Nos enseñan al mismo tiempo la verdadera humanidad del hombre.
Ponen de relieve los deberes esenciales y, por tanto
indirectamente, los derechos fundamentales, inherentes a la
naturaleza de la persona humana. El Decálogo contiene una
expresión privilegiada de la ‘ley natural’:
Desde el comienzo, Dios había puesto en el corazón de los
hombres los preceptos de la ley natural. Primeramente se
contentó con recordárselos. Esto fue el Decálogo. (S. Ireneo,
haer. 4, 15, 1).
2071 Aunque accesibles a la sola razón, los preceptos del
Decálogo han sido revelados. Para alcanzar un conocimiento
completo y cierto de las exigencias de la ley natural, la
humanidad pecadora necesitaba esta revelación:
En
el estado de pecado, una explicación plena de los mandamientos
del Decálogo resultó necesaria a causa del oscurecimiento de la
luz de la razón y de la desviación de la voluntad. (S.
Buenaventura, sent. 4, 37, 1, 3).
Conocemos los mandamientos de la ley de Dios por la revelación
divina que nos es propuesta en la Iglesia, y por la voz de la con
ciencia moral.
La obligación del Decálogo
2072 Los diez mandamientos, por expresar los deberes
fundamentales del hombre hacia Dios y hacia su prójimo, revelan en
su contenido primordial obligaciones graves. Son
básicamente inmutables y su obligación vale siempre y en todas
partes. Nadie podría dispensar de ellos. Los diez mandamientos
están grabados por Dios en el corazón del ser humano.
2073 La obediencia a los mandamientos implica también
obligaciones cuya materia es, en sí misma, leve. Así, la injuria
de palabra está prohibida por el quinto mandamiento, pero sólo
podría ser una falta grave en razón de las circunstancias o de la
intención del que la profiere
“Sin mí no podéis hacer nada”
2074 Jesús dice: ‘Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El
que permanece en mí como yo en él, ése da mucho fruto; porque sin
mí no podéis hacer nada’ (Jn 15, 5). El fruto evocado en estas
palabras es la santidad de una vida hecha fecunda por la unión con
Cristo. Cuando creemos en Jesucristo, participamos en sus
misterios y guardamos sus mandamientos, el Salvador mismo ama en
nosotros a su Padre y a sus hermanos, nuestro Padre y nuestros
hermanos. Su persona viene a ser, por obra del Espíritu, la norma
viva e interior de nuestro obrar. ‘Este es el mandamiento mío: que
os améis los unos a los otros como yo os he amado’ (Jn 15, 12).
Resumen
2075. ‘¿Qué he de hacer yo de bueno para conseguir la vida
eterna?’ - ‘Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos’
(Mt 19, 16-17).
2076 Por su modo de actuar y por su predicación, Jesús ha
atestiguado el valor perenne del Decálogo.
2077 El don del Decálogo fue concedido en el marco de la
alianza establecida por Dios con su pueblo. Los mandamientos de
Dios reciben su significado verdadero en y por esta Alianza.
2078 Fiel a la Escritura y siguiendo el ejemplo de Jesús,
la Tradición de la Iglesia ha reconocido en el Decálogo una
importancia y una significación primordial.
2079 El Decálogo forma una unidad orgánica en la que cada
‘palabra’ o ‘mandamiento’ remite a todo el conjunto. Transgredir
un mandamiento es quebrantar toda la ley (cf St 2, 10-11).
2080 El Decálogo contiene una expresión privilegiada de la
ley natural. Lo conocemos por la revelación divina y por la razón
humana.
2081 Los diez mandamientos, en su contenido fundamental,
enuncian obligaciones graves. Sin embargo, la obediencia a estos
preceptos implica también obligaciones cuya materia es, en sí
misma, leve.
2082 Dios hace posible por su gracia lo que manda.

Que la Paz sea
contigo |