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El amor de Dios duele
Papá, desde pequeño te amé. Así me lo enseñaron mis padres terrenales, y con el tiempo, mi corazón empezó a latir por tu amor de forma espontanea y segura, no porque así me lo hubieran enseñado y lo hiciera por rutina, sino porque aprendí amarte como un hijo ama a un Padre.
Creí hallar en este mundo la felicidad, pero ahora en mi juventud, sé que ésta no existe en este mundo, porque tu reino no es de este mundo. Son muchas las noches que he pasado en vela llorando en silencio, hasta que aprendí que el amor a Ti duele, duele por ser tan perfecto y yo tener un corazón tan pequeño para la perfección, una perfección que no encontraba en mí y que sin embargo la buscaba en este mundo terrenal. Este mundo que creaste con tus manos de amor, y que el Mismo Jesucristo vivió en él cargando con su cruz aceptándola por su gran amor de Hijo Tuyo. Era tan fuerte su amor por Ti, que dolía, y Jesús aceptó ese dolor por amor a Ti. Jesús sabía que si por amarte sufría; era bueno para Él y para el mundo. Y llevando la cruz a cuestas, aceptó que lo importante no es ser “feliz” aquí… lo pongo entre comillas porque no queremos sufrir en la vida y muchas veces confundimos el dolor y el sufrir con la “infelicidad”, cuando sufriendo, si lo aceptamos por amor a Dios y se lo ofrecemos: podemos ser felices. Porque Tú, Papá eres la FELICIDAD y es a tu lado donde se es feliz, aquí: sufriendo y en tu Reino Celestial gozando al lado de tu gloria, misericordia y gran amor.
Sé que me amas de verdad y más que nadie en el mundo, y eso me ha enseñado a vivir por y con tu gran amor que duele.
Cuanto más te amo, más sufro, y es que eres Tan Perfecto Papá, que sólo amándote y aceptando mi cruz, mi sufrir; mi alma se perfecciona y se asemeja a Ti en proporciones que cada vez suben de escalón. Por eso el dolor es causa de alegría, ya que ello me lleva a Ti. Por eso, con tu ayuda cargo con él con amor, amor confiado de hijo.
En el misterio de la Cruz está TODO lo que necesito para ser feliz, por eso Cristo la amó y nos enseñó que allí estaba el misterio del gran amor verdadero, ese amor que duele.
Ahora que he entendido el sentido de la cruz y he visto el rostro de tu amor… Papá, te pido perdón por mis miedos y quejas… ya que mi alma imperfecta buscó en el mundo lo que sólo es Tuyo: la perfección. Me alegra saber que a través de Ti y tu Santo Amor, puedo encontrarla en la cruz, en el servicio, en el silencio, en el abandono, en el amor al prójimo.
Papá, por favor, dame paz y amor para terminar mis pasos en este camino estrecho y recto que me lleva a Ti. Porque te amo, te amo Papá, y eso es lo único que me hace feliz y me da fuerza y firmeza, pero aún así, te amo muy poco comparado con lo que quiero y debo amarte, quiero amarte infinitamente más, quiero sentirte sólo a Ti dentro de mí. Me alegro de haber encontrado Tu perfección y Tu amor en el dolor, gracias.
Montserrat Bellido Durán
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