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Cuerpo y alma

¿Qué es el alma?

 

Santo Tomás empieza definiéndola con las siguientes palabras:

 

“Primer principio de vida en los seres que viven en este mundo”.

 

Desde el momento de la fecundación, en ese preciso instante, allí hay un alma, hay VIDA. Es el alma lo que nos da vida al cuerpo, por eso; cuando el alma abandona al cuerpo, este muere… pero el alma, que es inmortal, sigue viviendo y pasa a la vida eterna.

 

Si es el alma lo que nos da vida ¿Por qué la tenemos tan olvidada?

 

Muchas son las veces en que pensamos más en nuestro cuerpo que en nuestra alma. Debemos cuidar de ambos para poder dar Gloria a Dios.

 

“Díjose entonces Dios: “hagamos al hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza, para que domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados y sobre todas las bestias de la tierra y sobre cuantos animales se mueven sobre ella.” Gén 1,26

 

Dios nos hizo a su imagen y semejanza, por esa razón las personas tienen dignidad y el deber de cuidarse y respetarse. Si quieres que los demás te respeten, empieza tú amando y respetando a Dios, y luego respétate tú mismo por ser Hijo de Dios.

 

Dios espera de cada uno de nosotros que cumplamos con nuestro deber en todos nuestros ámbitos, familiares, de persona y de trabajo. Nos ha dado una tierra para que en ella cultivemos buenos frutos.

 

Es el alma lo que nos une a Dios y nos diferencia de los animales. Sólo el hombre tiene alma y está hecho a imagen y semejanza de Dios, no los animales, por eso quiere que el hombre domine los animales.

 

“Modeló Yavé Dios al hombre de la arcilla y le inspiró en el rostro aliento de vida, y fue así el hombre ser animado.” Gén 2, 7.

 

Arcilla, arcilla somos, es el aliento “el alma” de vida, lo que tal como dice el nombre “de vida” da vida. Y al morir el cuerpo nos volvemos cenizas.

 

“…Hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella has sido tomado; ya que polvo eres, y al polvo volverás.” Gén 3,17

 

Y… ¿A dónde va el alma una vez abandona el cuerpo?

 

La inmortalidad del alma y nuestros actos, están unidos, ya que son nuestros actos los que nos llevan o al infierno o al purgatorio o al Cielo.

 

Todo cuanto hacemos tiene un eco a lo largo del tiempo, ya sea para bien o para mal, en la vida terrenal y en la vida eterna.

 

Como muy bien dice el refrán:

 

“Dios perdona siempre, el hombre  a veces, la naturaleza nunca…”

 

Por eso Dios nos ha dado el sacramento de la penitencia, para que arrepentidos de corazón y con intención de no volver a pecar, nos acusemos ante un sacerdote de nuestros pecados haciendo una buena confesión, pidiendo perdón. Así, Dios nos absuelve de nuestros pecados a través de la persona del sacerdote que lo representa. Y nuestros pecados son perdonados. Es como si Dios cogiera la película de nuestra vida y cortara las escenas malas, pues una vez confesados, los pecados desaparecen. Pero en el alma nos queda el pegote del empalme de acciones buenas una vez Dios ha extraído las malas que hemos confesado.

 

Para ir al Cielo directos al morir, hay que tener el alma inmaculada… entonces ¿Qué pasa con los pegotes de los empalmes de las escenas de la película de nuestra vida? Si hay pegotes no está inmaculada el alma. Los pegotes son perdonados con la purificación. El dolor sirve para purificarnos de nuestros pecados cuando lo ofrecemos a Dios y el purgatorio es donde las almas sufren para purificarse. Muchas veces Dios permite que suframos en la tierra, para ahorrarnos el tener que pasar por el purgatorio.

 

¿Cómo podemos evitar el tener que pasar por el purgatorio y poder ir directos al Cielo cuando muramos?

 

Mira si nos ama Dios que hasta nos ha dado las indulgencias plenarias, con las que se nos es quitado el tiempo de purificación que tendríamos que pasar en el purgatorio. Gracias a ellas, en la hora de la muerte podremos pasar directos al Cielo. Ellas nos dejan el alma inmaculada.

 

¿Cómo puedo ganar una indulgencia plenaria?

 

Rezando un misterio del rosario en familia, o leyendo media hora la Biblia, o haciendo un vía crucis o haciendo media hora de oración delante de un Sagrario.

 

Luego confesarme y comulgar dentro de los 8 días antes o después de haber hecho alguna de las opciones que hay en el párrafo de arriba, y rezar por la persona e intenciones del Santo Padre.

 

Vive cuidando tu cuerpo y tu alma, Y Dios hará maravillas contigo.

 

Montserrat Bellido Durán

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