.
El amor verdadero
Solemos pasarnos toda la vida o gran parte de ella buscando el amor verdadero, sin darnos cuenta de que lo tenemos delante de nuestras narices: DIOS.
Nadie, ningún hombre y ninguna mujer te amarán nunca como te ama Dios, con este amor que da vida y da sentido a la muerte.
El amor verdadero es amar de verdad buscando la santidad conviviendo con la imperfección humana.
La imperfección humana daña y hace crecer nuestro amor por Dios, porque al sufrir; el alma que ofrece el dolor a Dios, se purifica, y por sufrir reza más, y al rezar nos unimos más a Dios.
Esta imperfección humana está para ser superada, Dios quiere que luchemos y nos esforcemos para mejorar y ser santos, perfectos.
No busques en el amor humano la perfección que pertenece al Amor Divino (amor de, por y a Dios), más bien, por Amor Divino, busca la santidad con el amor humano, con la imperfección. Ama a las personas con sus defectos y ayúdalas a ser santas, a perfeccionarse, y pídeles a ellas que te ayuden a ti a mejorar y ser santo, con su ejemplo, su caridad y sus oraciones.
Cristo murió en la cruz por ti, aunque con su pasión y muerte sólo te salvaras tú, porque te ama más que a nadie y te quiere feliz. Cuando se ama de verdad se desea la felicidad del otro, se piensa en cómo hacer feliz a la otra persona y se hace lo posible para hacerla feliz. Es Jesús Mismo quien nos dice:
“Quien quiera ir en pos de Mí, coja su cruz y me siga”
Jesucristo nos dice cuál es la clave para vivir su amor, para ser felices. Coger cada uno nuestra cruz y seguirle.
Cuando por el Amor Divino Verdadero, aceptas vivir el amor humano, que es imperfecto, como imperfectos somos todos los hombres, buscando la santidad con la ayuda mutua, entonces, este amor imperfecto lo irás perfeccionando con el tiempo y la ayuda de Dios, con la ayuda de la oración y la caridad; por aceptar tu cruz y la realidad, poniendo los ojos en vista a la santidad, la
perfección; llegarás a ella sabiendo que en la tierra vivirás intentando palparla
con la mano y que sólo la tocarás en el Cielo.
La cruz de los que nos rodean y nuestra propia cruz es nuestra imperfección humana, porque al ser imperfectos, también nos dañamos a nosotros mismos, como también dañamos a Dios que es Perfecto.
Vivamos mortificándonos por el Amor Divino, y así, con el tiempo y la ayuda de Dios nuestro amor humano será perfecto: Santo: Verdadero.
Ahora que entiendes y sabes dónde está el amor verdadero: Con y Por Dios, tu vida coge otro cantar, entiendes que por amor a Dios TODO se puede en esta vida (con oración, paciencia y perseverancia) y haces presente a Dios en tus días, tus minutos, tus segundos.
Ya no le temes a la muerte, porque para ti ése será el mejor día de tu vida, ya que es entonces cuando gozarás del AMOR MÁS GRANDE de todos los amores: DIOS, si te dejas amar por Él, lo amas y cumples con lo que te pide para que seas Santo: feliz por siempre en el Cielo.
Miras tus manos vacías y ves cómo es Dios quien las llena con sus gracias, con sus dones, con su Amor…
Montserrat Bellido Durán
© copyright
