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Jarras de agua fría

 
Cuantas más jarras de agua fría se te caigan en cima a lo largo de la vida, mejor persona serás si sabes secarte con amor y humildad…

Son las desgracias o tristezas, las vicisitudes de la vida que como un martillo nos golpean como si fuéramos el hierro ardiendo salido del horno. A cada golpe de martillo más forma cogemos.

Decimos ¿Por qué?

Pues, porque es bueno y necesario que te caiga en cima una jarra de agua fría, así te despiertas y ves realmente como es la vida.

No te quedes entre las nubes. Pon los pies en el suelo y alarga la mano hacia el Cielo.

Las personas más felices son las que saben sufrir.

Pues sufrir, sufre todo el mundo por A o por B.

Pero sólo el que sabe sufrir en paz y paciencia hace de sí mismo con la gracia y ayuda de Dios; una gran persona, una persona de éxito…

Choff!

Otra jarra de agua fría.

Deja que el amor de Dios te seque de este mal…

Y así…

Con el paso del tiempo, por ver el buen resultado, por haber recibido jarras de agua fría…

Agradecerás a Dios todas esas penas y dolores que te habrán convertido en lo que eres:  Un futuro Santo.

¿Qué éxito más grande podemos anhelar que el de ser santo?

Ni el dinero, ni el sexo, ni el poder tienen en comparación tanta potencia, paz, felicidad y alegría como tiene seguir el camino hacia la santidad.

Deja que la vida te moje con agua fría.

Jesús  recibió muchísimas jarras de agua fría por amor al Padre, y por Él amándote a ti.

 

Que te caigan encima cuantas jarras de agua fría Dios permita para despertarte y ponerte alerta…

Despierta!

Sonríe!

Dios te ama!

Jesús te ama!

La Virgen María te ama!

 

Montserrat Bellido Durán

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