Introducción
Al
llegar a los 25 años de mi ordenación de presbítero me pidieron
que escribiera unas páginas sobre mi experiencia personal y el
significado de todo lo vivido hasta estos momentos. También, que
señalara los lugares donde había estado y las tareas que había
realizado. Lo escribí en un par de folios. Y, ahora, si me animo
a escribir sobre algo mío personal y con más extensión es por
pedido, como espíritu de servicio y porque no se trata sólo de mi
persona, sino de muchas otras en América Latina, España, amigos,
hermanas y hermanos, familiares. Por otra parte, toda la Escritura
es una invitación a hacer memoria, a recordar. Recordar lo que
somos. Recordar a lo que estamos llamados: “Os he dicho esto para
que... os acordéis de que ya os lo había dicho” (Jn 16,4).
Recordar al Señor Dios que nos ha llamado. Recordar lo que ha
hecho y sigue haciendo con nosotros. Recordar la maravilla que es
vivir. Las personas estamos hechas de recuerdos. La mitad de lo
que somos está determinado por nuestros recuerdos. Los
acontecimientos de hoy son los recuerdos del mañana. La mitad de
lo que somos está determinada por los recuerdos que llevamos
dentro. Recuerdos. Recordar a tanta gente que ha influenciado y
sigue influyendo en mi vida. Este tipo de recuerdo es más que una
memoria fotográfica de nombres, fechas y lugares, aunque puede
incluir éstos.
La
memoria nos trae imágenes de otro tiempo. Y voy descubriendo el
misterio de mi vida y el misterio que es toda vida. Una de las
maneras de responder a nuestro propio misterio, al de otros seres
humanos y al del mundo que nos rodea es contar nuestra historia y
escuchar las historias de otros. Esto es lo que me propongo en
este escrito. Recuperar y descubrir algo de esa riqueza escondida.
Veo
la historia de estos años de mi vida como la llave para abrir la
puerta hacia el crecimiento personal. Por ello, abro la puerta y
te invito a entrar en mi casa. Encontrarás muchas luces y sombras.
Ambas son mías y las quiero. Julien Green, en su novela
Cada hombre con su noche dice: “Cada hombre marcha a
través de su noche hacia su propia luz”.
Esto es un viaje hasta el conocimiento de uno mismo y más allá de
él utilizando la imaginación. Después de estar en mi casa, te
invito a un paseo, sin correr, despacio. Donde tienes que ir es a
ti solo. Camina hacia ti mismo porque es la única aventura
maravillosa. No podemos cambiar los estímulos de fuera, lo
exterior a nosotros, ni el discurrir de la historia, pero lo que
sí podemos hacer es elegir nuestra propia respuesta.
Si
nos abrimos a la pregunta, lo nuevo invita a otra cosa nueva,
enriquece y hace crecer. Y se camina. |