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   LA AVENTURA DE UN BUSCADOR

Algunas claves de mi vida

P. Paco

 

“...Muchas gracias, Señor”.

Ecos de Monseñor Angelelli, (Mártir) Obispo de la Rioja (R. Argentina)

 

                        Un día en la maña, un gesto, una Palabra

maduró en mí el misterio de una semilla,

floreció una unción, una vida para una misión:

Te he elegido, no temas,  porque estoy contigo.

No te asustes, te doy fuerzas, soy tu auxilio.

“Sacerdote para siempre”, me dijiste,  Señor.

 

Un Libro, una patena, un cáliz, aceite, vestiduras de fiesta

iluminaron el camino para que muchos encuentren el amor.

 

Veinticinco años por los caminos de la vida,

caminos de Dios; con fidelidades de hijo y debilidades de pecador;

con muchas mañanas de pascua y tardes de dolor;

jornadas con sabor a vida, fiesta y cruz.

fueron los racimos maduros para ti, Señor.

  

Con las manos y el alma en la tierra

del hermano que espera un abrazo, una palabra.

En esa mies  que me has entregado, Señor,

el aceite que me ungió se hizo misterio

partiendo y repartiendo la Carne y Sangre del Hijo de Dios.

 

El Libro se hizo Palabra de aliento y luz,

en el Cáliz  fui recogiendo los gozos y alegrías;

el dolor y el sufrimiento, la sangre derramada

en tantas guerras injustas, violencias, conflictos;

sangre que riega semilla de Mártires.

 

En la Patena te presenté trigo molido y panes fecundos,

panes de mesas repletas y de mesas vacías.

Hambre y abundancia. Eucaristía fecunda, epifanía de comunión.

Escuela de unidad, acción de gracias, camino de solidaridad.

Manos de madres que amasan el pan desde temprano,

manos en forma de patena que abrieron los surcos

para hermanos y hermanas necesitados de amor.

 

Veinticinco años queriendo ser arroyo cantarino

que fluye por los caminos para anunciar el aleluya a los pobres,

la dicha a los que trabajan por la paz, a todos el amor.

Y, que este correr de las aguas de la vida,

pula, sane y purifique mi interior, como cantos rodados

con mis hermanos,  y silencios sonoros sólo contigo, Señor.

 

Veinticinco años como la rama sacudida por el viento,

como vigías en noches de luna, mirando hacia el cielo,

hablando con las estrellas, para que susurren al hombre

que entre zarzas y espinas siempre florece una flor.

Queriendo ser como el puente, camino en el pedregal,

para que transite la gente, pensando que hay que seguir,

por las sendas,  a veces duras,  de la generosidad  y entrega.

 

Tu llamada es misterio. Es muerte, es vida, es misión.

Es a quien nunca se responde y busca en vano,

más allá del umbral de  ese misterio que nutre la vida,

oculta a los ojos del mundo, historia íntima,

a la cual no es lícito tocar con manos profanas.

Intentando llevar a todos, más allá de toda palabra

y humano pensamiento, que Dios es siempre, en lo más íntimo

Luz iluminadora, Foco único en el que toman luz los buscadores;

Luz en la Palabra para que encuentre todos el camino;

Pan y solidaridad en la Patena;  la alegría, la vida,

el sentido y la esperanza en el Cáliz y la Unción.

  

Veinticinco años, queriendo gritar bien fuerte,

que la vida tiene sentido,

que no hemos sido creados para la muerte,

sino para la resurrección.

Intentando enseñar al mundo la maravilla de tu amor,

el gozo de la creación, que canten las melodías de tu misericordia,

que te conozcan, que te alaben y bendigan como Señor.

  

Y mientras se encienden las estrellas,

esperando la salida de la luna,

y se ilumina en la noche oscura,  todo lo que soy yo,

déjame que te diga: “Muchas gracias, Señor”.

 

Y mientras siento en mi corazón dolorido,

el arado hiriente de tantas preguntas y dudas,

por este sacerdocio tuyo que es mío y de tu pueblo,

déjame que te diga: “Muchas gracias, Señor”.

 

Y mientras mi espíritu inquieto

quiere surcar los espacios abiertos,

mientras la tensión de peregrino y buscador se funden,

en esta noche y en las tardes de cada jornada,

quiero decirte:

“MUCHAS GRACIAS SEÑOR” .

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Dios te bendiga

Que la Paz sea contigo