Buscando profundidad. Viaje a Latinoamérica
Los
estudios de pastoral me han abierto un mundo nuevo y muchas
posibilidades. Era necesario un nuevo desafío. Quedarse en España
implicaba para mí demasiada repetición de pensamientos e ideas.
También estabilidad, cuando en mí predomina un gran nivel de
movilidad. Podía ir donde fuera, algo más fuerte me invitaba a
ponerme en camino. Latinoamérica me producía mucha
excitación y veía con claridad que mi vocación estaba por aquellas
tierras. Lo importante es saber escoger entre las muchas cosas y
aquella que es única. El evangelio es lo contrario de la
publicidad, que multiplica seducciones, las necesidades, las cosas
de las que tenemos aparentemente necesidad; el evangelio se opone
a toda esa multiplicación de cosas y dice: vive lo esencial.
Saber escoger entre las muchas cosas y la única que es necesaria.
Tenía muy claro que sólo hay una cosa de la que tenemos necesidad.
Busquémosla. Hay que buscar. También sentía que seguir a Jesús
significa, ante todo, descubrir en nuestras vidas cotidianas la
vocación única de Dios para nosotros. Tenía veintinueve años.
Había llegado un momento sumamente importante de mi vida. Por fin,
el 10 de noviembre de 1983 salgo para Argentina. Todo será
nuevo. Una larga noche en el aire, el nuevo amanecer es lento y
muchas nubes velan el sol y embellecen el firmamento.
Pero
la Luz siempre brilla en las tinieblas. Descubro que siempre tengo
que ir más lejos, tengo muy presente el no detenerme, emprender
siempre nuevos pasos, siempre mucho más lejos, más lejos del
mañana que se está acercando. Llegué a Buenos Aires. Era de
mañana. Ya había salido el sol. Recuerdo en estos momentos lo que
me decía un compañero: “cuando creas haber llegado, tienes que
saber encontrar nuevas sendas”. Mientras voy llegando, con risa y
con dolor, mis sueños se pierden por desconocidas sendas.
Me
están esperando queridos compañeros: Miguel Cobo, Paco Palací, mi
prima Consolación de las hijas de los Dolores. La perla preciosa
está escondida en este campo, en esta tierra nueva y por eso,
lleno de alegría, voy dejando todo para encontrarla. Aunque la
verdadera peregrinación es siempre interior, hay un lugar en la
persona donde se juntan el principio con el final, la eternidad
con el tiempo.
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