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PRIMERA
PARTE:
INTRODUCCIÓN DOCTRINAL
Como hermanos
de todos los hombres y seguidores de Jesucristo, los
cristianos nos sentimos llamados a "estar junto a las
multitudes pobres, a discernir la justicia de sus
reclamaciones y a ayudar a hacerlas realidad''1.
Esta llamada, en formas diferentes, ha sido constante en la
comunidad cristiana. La Iglesia ha percibido la obligación de
ayudar a los pobres de manera permanente a lo largo de su
historia, hasta el punto de considerarla como una parte
integrante de su misión. En el cumplimiento de esta tarea,
ella ha debido adaptarse a las diversas circunstancias
históricas: también en su acción caritativo-social la Iglesia
debe dar prueba de la vitalidad y creatividad que han de
inspirar toda su acción evangelizadora en el correr de los
tiempos.
Los pobres de
hoy
Hoy existen
nuevas formas de desigualdad, pobreza e insolidaridad. En
relación a ellas ha de definirse la acción de los cristianos y
de las comunidades eclesiales en su lucha en favor de los
pobres. El conocimiento de la realidad actual de la pobreza y
de las causas que la originan se hace condición necesaria para
responder eficazmente al reto que los pobres plantean a
nuestra voluntad de amarlos y servirlos.
Partiendo de la
realidad inmediata que nos rodea, observamos que la pobreza,
como manifestación y resultado de una insolidaria desigualdad,
ensombrece el rostro de la sociedad española. Nuestro sistema
económico trata de recomponerse en medio de serias crisis y de
graves desequilibrios sociales. El desempleo y la alta
precarización del trabajo son clara prueba de ello. Muchas
familias que hasta hace poco tenían cubiertos los mínimos
necesarios para su supervivencia, en este momento, a causa del
paro prolongado han descendido el escalón que les acerca a la
pobreza severa.
Ancianos que
viven con pensiones insuficientes; gitanos que constituyen una
de las principales bolsas de pobreza del país; transeúntes,
emigrantes y extranjeros, marginados por razones económicas,
sumidos en la mendicidad, el transeuntismo o la prostitución,
nos ofrecen aspectos dolorosos de la pobreza arraigada en
nuestro entorno inmediato.
Algunas de las
leyes económicas que están en la base de la creación de la
nueva Europa, repercuten actualmente en muchos sectores
económicamente débiles, aumentando, al menos de momento, el
desempleo y, consecuentemente, la pobreza. Las cosas no
deberían ser necesariamente así. En todo caso hay algo que no
podemos negar: la pobreza es una realidad; a los pobres nos
los encontramos cada día.
Si ensanchamos
un poco más nuestra mirada, nos será fácil darnos cuenta de
que la pobreza tiene sobre todo una dimensión universal. El
abismo entre los pueblos industrializados y el Tercer Mundo se
agrava. La deuda de los países no desarrollados se multiplica.
La explotación indiscriminada de la naturaleza, resultado de
un economicismo incontrolado, pone en peligro el equilibrio
ecológico y también el económico. Las tremendas desigualdades
entre personas, pueblos y naciones, fruto en parte de la
injusticia, amenaza la paz de un modo permanente.
Mirar a la
realidad histórica desde el Evangelio
Cuantos creemos
en Dios y en la Buena Noticia de Jesucristo no podemos dar la
espalda a la amarga realidad de la pobreza. Está en juego "la
dignidad de la persona humana, cuya defensa y promoción nos ha
sido confiada por el Creador y de la que rigurosa y
responsablemente son deudores los hombres y mujeres de cada
coyuntura histórica"2.
Dios no quiere
la pobreza que impide a los seres humanos ser libres y vivir
de acuerdo con su dignidad. Jesucristo, el Hijo de Dios
enviado por el Padre, manifiesta en su conducta histórica los
sentimientos compasivos de Dios para con los pobres. Viene "a
proclamar la liberación a los cautivos y dar vista a los
ciegos, a libertar a los oprimidos y a proclamar un ano de
gracia del Señor"3. Movido a compasión, a nadie
excluye de su proyecto de salvación y defiende la causa de los
socialmente marginados. El mismo es la Buena Noticia para los
pobres.
Hizo del amor la
ley fundamental de cuantos habrían de ser sus discípulos y
seguidores: un amor que inspire y trascienda las exigencias de
la justicia, y abra el corazón a la solidaridad del compartir
bienes económicos, culturales y de toda clase, anunciando ya
desde ahora la comunión definitiva de toda la familia humana
en el Reino de Dios.
El mismo, siendo
rico se hizo pobre4 y vivió su pobreza como
expresión de su entrega total al Padre, de su plena
disponibilidad al servicio de los hombres y como camino de
solidaridad con los pobres. Llamó bienaventurados a "los
pobres de espíritu" (Mt 5,3), a cuantos quisieran vivir cerca
de los pobres y compartir con ellos lo que son y lo que
tienen, anunciando así la liberación de todas las idolatrías y
falsas seguridades.
La Iglesia y los
cristianos queremos mirar a los pobres con la mirada de Dios,
que se nos ha manifestado en Jesús, y tratamos de hacer
nuestros sus mismos sentimientos y actuaciones respecto de
ellos. El servicio a los pobres es una manera de hacer
presente a Jesús ("a mi me lo hicisteis"(Mt 25, 4Oss)) y una
expresión irrenunciable de la acción avangelizadora de las
comunidades cristianas. La llamada "diaconía" o servicio de la
caridad se hace así parte integrante del anuncio de la obra
salvadora y liberadora de Jesús.
Esta referencia
a Jesús y al Evangelio, que él anuncia como Buena Noticia para
los pobres, es absolutamente necesaria para descubrir el
auténtico y pleno sentido de la acción caritativo-social de la
Iglesia y de los cristianos. Lo es también el conocimiento de
la realidad de la pobreza en nuestro contexto histórico, si
queremos servir a los pobres concretos que "hoy tenemos con
nosotros".
Así lo ha
entendido la Asamblea Plenaria de la C.E.E. al elaborar y
aprobar las nuevas «Propuestas para la Acción Pastoral»
relativas a «La Caridad en la Vida de la Iglesia»: ha
hecho de la iluminación humana y cristiana, por un lado, y de
la visión de la realidad social y eclesial, por otro, las dos
referencias fundamentales sobre las que ha de configurarse
esta parte de la acción evangelizadora de la Iglesia.
Objetivo a
conseguir
Las "Propuestas"
tratan de animar y coordinar las acciones caritativas y
sociales que se vienen ya realizando. Pero pretenden, también,
estimular nuevas formas de actuación que respondan más
adecuadamente a las nuevas pobrezas. Quieren ser un aliento e
impulso eclesial para la renovación del compromiso con los
pobres, e insuflar un nuevo vigor a la educación en la caridad
y a la promoción de la justicia y la solidaridad en las
comunidades cristianas y en la sociedad.
Hay que subrayar
que este Documento no es sólo ni principalmente fruto de la
mera reflexión doctrinal. Es, sobre todo, un logro alcanzado
por la comunión de los esfuerzos, de las experiencias y de las
interpelaciones de personas, grupos e instituciones
comprometidos en la práctica de la acción caritativo-social de
la Iglesia. Puede decirse, sin temor a equivocarse, que es
"fruto del Espíritu", fraguado en una corriente de comunión y
solidaridad eclesial, y elaborado con la mirada puesta en la
fidelidad al Evangelio y al mejor servicio de los pobres.
Nuestro
Documento quiere ser la respuesta, en el campo concreto de la
"diaconía" de la caridad, a la llamada a la nueva
evangelización hecha por el Papa Juan Pablo II. Nueva
evangelización que no significa replegamiento de la Iglesia en
posturas espiritualistas o desencarnadas, sino que busca la
conversión del corazón y con ello la transformación de la vida
personal y, a partir de ella, el compromiso y el trabajo para
la transformación de la vida real según las exigencias del
Evangelio, con especial atención de los pobres y de los más
débiles5.
Deseamos que
estas "Propuestas" contribuyan a fomentar y a estimular en
todos las actitudes de gratuidad, de participación y de
responsabilidad y solicitud solidaria en favor de los otros y
de los graves problemas de nuestra sociedad.
Justicia y
caridad en la lucha contra la pobreza
"La sociedad
será más justa, fraternal y humana, en la medida en que
practique la justicia y el amor misericordioso", afirma el
Documento Episcopal en la introducción al primer grupo de las
propuestas operativas6. Es importante subrayar la
estrecha relación que este texto establece entre la justicia y
el amor, como base de la actuación de la Iglesia, de las
comunidades cristianas y de los mismos cristianos en la lucha
contra la pobreza. Ahí ha de verse una de las claves más
clarificadoras para su comprensión.
La pobreza, y la
marginación que de ella se origina, no es, sin más, fruto de
una necesidad fatal, atribuible a factores ajenos a la
libertad y a la responsabilidad humanas. La injusticia, en sus
diversas formas tanto individuales como sociales, es muy
frecuentemente la causa de la pobreza. Transformar las
situaciones de injusticia e instaurar un orden de justicia
solidaria es el camino, si no único, sí necesario, para
eliminar la pobreza y crear formas de convivencia más
conformes con la dignidad humana.
El servicio de
la caridad en favor de los pobres no debe ser entendido como
algo ajeno a la obligación que tienen las personas, los grupos
sociales y las instituciones públicas y privadas, de promover
relaciones de justicia auténticamente humanas. Mucho menos ha
de verse en la acción caritativo-social la intención de
ocultar las múltiples formas de injusticia arraigadas en la
sociedad.
Por el
contrario, impulsar la instauración de un orden social justo,
corregir desde el amor gratuito los efectos deshumanizadores
de las injusticias de toda clase, ir más allá de lo que una
estricta justicia podría exigir, favorecer así formas de
relación más conformes con la fraternidad humana y cristiana,
etc., son objetivos que definen la verdadera naturaleza de la
acción caritativo-social y, por consiguiente han de ser
perseguidos por los cristianos y por las comunidades e
instituciones eclesiales en el ámbito de la caridad.
Existe así una
clara coherencia en el desarrollo progresivo de los pasos a
dar en la acción pastoral en favor de la justicia y la
solidaridad y en el servicio a los pobres, tal como se
formulan en las "Propuestas": conocer las formas mas urgentes
de pobreza y marginación existentes, así como los procesos
sociales que las originan; denunciar los atentados contra la
dignidad humana que tales situaciones encierran; anunciar la
buena noticia de la creación de nuevas formas de relación que
hagan posible que los pobres salgan de su estado de pobreza y
exclusión social; potenciar el compromiso de la acción en la
vida pública y social.
La diaconía de
la caridad no pretende, pues, un protagonismo que desconozca
la multiplicidad de esfuerzos provenientes de la pluralidad de
los agentes sociales, ordenados al servicio de los pobres y
los marginados. Comparte con ellos, sin renunciar a la propia
identidad, el esfuerzo común por realizar la humanidad
solidaria que, vista desde la fe cristiana, responde al
proyecto originario del Dios Creador y Salvador.
Eclesialidad y
universalidad de la Pastoral de la Caridad
En el empeño por
estimular e intensificar el servicio de la Iglesia y de los
cristianos en favor de los pobres y en la lucha contra la
pobreza, no puede faltar una mirada de revisión sobre la
situación actual de la misma Pastoral de la Caridad. Es
importante analizar lo que se hace, cómo se hace y las
perspectivas de tales acciones para el futuro7.
Esta revisión debe valorar cuanto haya de positivo en lo que
se está haciendo, reconocer las deficiencias que haya y
proyectar un programa para el futuro que supere cualquier
forma de inmovilismo y vana autocomplacencia. Del acierto en
el modo de hacer esta revisión dependerá en gran manera la
operatividad de las "Propuestas" aprobadas.
A tenor de estas
"Propuestas operativas", la eclesialidad ha de constituir uno
de los ejes en torno a los cuales habrá de articularse la
revisión que hemos de realizar. Tal eclesialidad debe conjugar
la pluralidad de las acciones caritativo-sociales con la
comunión de todos los sujetos, individuales y colectivos, que
las realizan. La dimensión evangelizadora de la Pastoral de la
Caridad ha de tener necesariamente una referencia a la
Iglesia, ya que es ella el sujeto al que el Señor confió la
misión de evangelizar. No basta con afirmar que es en la
Iglesia donde se realiza -en diversas formas- la Pastoral de
la Caridad. Hay que llegar a descubrir que es la misma
Iqlesia la que la realiza, en la pluralidad de sus sujetos
individuales, colectivos e institucionales.
Los mismos
carismas suscitados por el Espíritu al servicio de la Caridad,
adquieren su pleno sentido y riqueza cuando son percibidos
como fruto del Espíritu que Jesús envió a su Iglesia, a fin de
que ésta realizara la misión por Él confiada. Tales carismas
han de ser reconocidos y estimulados por la comunidad
cristiana. Son una riqueza eclesial y deben ser valorados como
tal riqueza.
La eclesialidad
es objeto de una especial atención desde la dimensión propia
de la Iglesia local, presidida y animada por el obispo, que
preside igualmente toda la caridad de esa Iglesia. La Iglesia
local o diocesana es vista como "lugar de encuentro" de la
comunidad cristiana que, en la comunión y en la coordinación
que de ella se deriva, ha de hallar la mejor garantía de la
calidad de los servicios prestados y de su adecuación a la
totalidad de las necesidades de la pobreza y la marginación.
Para el logro de
estos objetivos, las "Propuestas" afirman la conveniencia de
que en las Diócesis exista un organismo, presidido y animado
por el obispo, especialmente responsabilizado en la tarea de
animación y coordinación. En él han de encontrarse las
diversas instituciones especialmente comprometidas en
actividades caritativas y sociales, entre las cuales ha de
estar presente Cáritas Diocesana, que ha de tener la
relevancia que le corresponde como "cauce ordinario y oficial
de la Iglesia particular para la acción caritativa y social"8.
La Pastoral de
la Caridad tiene que ser, por otra parte, tan universal como
el amor cristiano que la inspira. Una Iglesia que se encerrara
en los límites estrechos de la propia diócesis, región o
nación, no sería la Iglesia de Jesucristo.
La comunión
eclesial es una comunión abierta a la universalidad. Existe
así una adecuación entre:
- las
exigencias universales de justicia y solidaridad,
recordadas, además, por el grito de los pobres del mundo
entero;
- la vocación de la Iglesia
local a vivir en comunión con las comunidades cristianas de
la Iglesia Universal.
Las exigencias
de justicia y solidaridad nos vinculan a todos los pueblos. La
llamada de la Iglesia local a la comunión universal brota de
su misma naturaleza. En el grito de todos los pobres, los
creyentes descubrimos y reconocemos la presencia del Señor
doliente.
Formación y
acompañamiento
Finalmente, ha
de tenerse muy en cuenta lo que el Documento dice sobre la
formación y educación de las comunidades cristianas y de los
individuos que a ellas pertenecen, precisamente en relación
con la acción caritativa y social: "La formación y
acompañamiento para la educación en la caridad, la solidaridad
y la promoción de la justicia es una necesidad urgente"9.
Resulta
necesario insistir en la complejidad de lo que se encierra
detrás de estas palabras "formación y acompañamiento". La
capacitación para la acción caritativo-social de los agentes
de la Pastoral de la Caridad y de los cristianos presentes en
la vida socio-política, está unida estrechamente a la
maduración en la fe personal. La motivación sobrenatural del
creyente tiene que asegurar la identidad propia del cristiano
que se sitúa ante los pobres con la "mirada" de quien comparte
el amor compasivo que Dios siente hacia ellos.
Al mismo tiempo,
ha de asegurar el adecuado conocimiento de la realidad social,
de los mecanismos operativos propios de una sociedad que se
hace cada vez más compleja y complicada, y de los criterios
valorativos coherentes con los valores del Evangelio; sólo así
se podrá alcanzar y asegurar progresivamente "la unidad de
vida" que garantice el crecimiento humano y cristiano que se
debe esperar de la entrega al servicio de la Caridad.
No será
superfluo preguntarse si en los diversos ámbitos y niveles del
compromiso de los cristianos con la causa de los pobres y con
su liberación, la preocupación por su formación humana y
cristiana ha merecido una atención proporcionada al interés
puesto en los aspectos operativos y organizativos de la acción
caritativo-social. También en este campo la atención a las
personas debe tener prioridad.
¿Sabremos
aprovechar este momento?
Las "Propuestas
para la Acción Pastoral" relativas a "La Caridad en la Vida de
la Iglesia" quieren ser un instrumento al servicio de la
revitalización y actualización de la acción caritativo-social
de las comunidades cristianas. Vistas desde esta perspectiva y
acogidas con el mismo espíritu con el que han sido elaboradas,
pueden marcar un momento importante para la Iglesia en España.
Su eficacia, sin embargo, no ha de medirse por la realización
de acciones más o menos sorprendentes o llamativas. Sí cabe
esperar de ellas un nuevo impulso para la acción silenciosa y
constante, animada por el Espíritu, que realiza la Iglesia de
Jesucristo en su misión de anunciar la Buena Noticia de la
salvación de la manera adecuada a cada momento y situación
históricas.
SEGUNDA
PARTE:
PROPUESTAS OPERATIVAS
La Iglesia debe
obrar, bien sea trabajando por la justicia, cuando la pobreza
sea fruto de la injusticia, bien tratando de curar las llagas
de los pobres y denunciando las causas que las producen, tanto
personales como sociales, y, en todo caso, exigiendo y
promoviendo la dignidad trascendente de la persona humana.
La visión de la
realidad social y eclesial, y la iluminación humana y
cristiana interpelan a la Iglesia Universal, a la Iglesias
particulares, a todas sus comunidades y a todos y a cada uno
de sus miembros, y les apremia a un compromiso de solidaridad
por el bien de todos los hombres, particularmente de los
pobres y marginados10.
A este fin
llevarán a cabo un nuevo esfuerzo evangelizador con los
siguientes criterios:
-
Concienciación ante la gravedad de los problemas de pobreza
y marginación sociales tanto a nivel nacional como
internacional.
- Revisión de la Pastoral de
la Caridad: lo que se hace, cómo se hace y perspectivas para
el futuro.
- Animación de la Pastoral
de la Caridad y la promoción de la justicia en la vida
pública.
- Coordinación de la acción
caritativo-social.
Con este
propósito se hacen las siguientes propuestas:
I. Propuestas
para la promoción de la justicia y la solidaridad en la acción
pastoral
La vida teologal
del cristiano tiene una dimensión social. La fe viva en Dios
Padre y en su Hijo, bajo la acción del Espíritu Santo, nos
conduce al amor hacia todos los hombres. Es la fe en el Dios
verdadero, creador y redentor del hombre y del cosmos, el Dios
amor que nos llama a vivir en el amor fraterno como forma de
vida. Este amor implica promover entre los hombres la
justicia, la solidaridad, la comunión y la paz11.
La sociedad será
más justa, fraternal y humana, en la medida en que practique
la justicia y el amor misericordioso12.
La comunidad
cristiana reunida para escuchar la Palabra de Dios, celebrar
los misterios de la salvación y alentar el compromiso del amor
a los hermanos, ha de ser la primera y fundamental ayuda que
los cristianos encuentren para vivir su inserción y sus
compromisos en la vida pública con espíritu evangélico13.
1. Promover en
la acción Pastoral, el conocimiento de las formas más urgentes
de pobreza y marginación, y de los procesos sociales que las
originan, y hacer su discernimiento comunitario a la luz del
Evangelio
- Las
comisiones de expertos promovidas por las instituciones
diocesanas de acción caritativo-social serán instrumentos
válidos para conocer y discernir la realidad de la pobreza y
marginación, y de los procesos sociales que las originan.
Del resultado de sus trabajos se hará difusión en las
comunidades cristianas y en la sociedad, en orden a que se
busquen los cauces adecuados para su solución.
- La Comisión Episcopal de
Pastoral Social en colaboración con otras Comisiones
Episcopales, convocará y organizará un Congreso Nacional
sobre la pobreza y sus desafíos a la Pastoral de la Caridad
de la Iglesia14.
2. Denunciar las
condiciones sociales injustas que excluyen a las personas del
pleno ejercicio y desarrollo de su dignidad
- Toda
la comunidad cristiana, a la luz de la Doctrina Social de la
lglesia, ha de asumir un compromiso activo de denuncia y
lucha contra las diversas situaciones de pobreza y
marginación, y también contra el fraude y la corrupción,
como comportamientos antievangélicos de la vida individual y
pública15. En esta tarea colaborarán de modo
significado los militantes del mundo obrero.
- Corresponde también a las
instituciones de acción caritativo-social actuar ante la
opinión pública y en los medios de comunicación denunciando
las situaciones antievangélicas y deshumanizadoras de la
vida social16.
- Los Organismos diocesanos
dedicados a la evangelización y humanización del mundo
obrero, pobre o excluido, podrán hacer comunicados y
manifiestos que, desde su identidad cristiana, aporten su
visión ante situaciones de injusticia o explotación
concretas, tanto individuales como colectivas.
3. Anunciar la
Buena Noticia del Reino de Dios creando y fomentando los
elementos culturales y las condiciones económicas y sociales,
que hagan posible que los pobres salgan de su estado de
pobreza y exclusión social
- La
Diócesis animará la existencia y actuación de movimientos y
asociaciones especializadas que actúen en la Pastoral de la
Caridad y la promoción de la justicia17.
- Fomentará también la
presencia evangelizadora y humanizadora de Comunidades
Religiosas, asociaciones y movimientos, en los barrios
pobres como un signo de compromiso evangélico con los
pobres.
- Es también tarea de la
iglesia (Diócesis, parroquias, instituciones religiosas y
laicales) promover centros de acogida, asistencia y
recuperación para personas afectadas por el SIDA y
toxicomanías, así como centros de educación en ocio y tiempo
libre, etc.
- La Pastoral Diocesana
habrá de asumir, como una de sus tareas prioritarias para
los medios rurales, la concienciación y compromiso ante la
situación de exclusión de tantos jóvenes y familias que
sufren de modo profundo las consecuencias de la crisis
social, económica y cultural.
- La comunidad cristiana,
como signo de compromiso con los marginados, se comprometerá
en la evangelización y humanización de los presos y
ex-presos, propugnando también medidas alternativas a la
privación de libertad y promoviendo recursos eficaces para
su reinserción social.
4. Potenciar el
compromiso en la vida pública para la construcción de
estructuras de solidaridad y justicia desde la opción
preferencial por los pobres
- La
comunidad cristiana impulsará la participación en las
estructuras de la vida pública y estimulará la presencia
activa de los cristianos en las asociaciones que trabajan en
la construcción de una sociedad justa y solidaria18.
- El compromiso y la
participación de los seglares en la vida pública buscará la
elaboración de leyes más justas y solidarias en favor de los
derechos humanos y de la dignidad de la persona.
- La Iglesia particular a
través de sus Organismos diocesanos, movimientos apostólicos
y otras instituciones y asociaciones, acompañará a los
cristianos que están trabajando con la "periferia" de la
sociedad -con los que la sociedad margina-, mediante
"encuentros", convivencias..., que animen y estimulen su
testimonio evangélico.
5. Colaborar con
las Administraciones Públicas y otras instituciones sociales
que prestan atención a la promoción de los pobres
- Las
comunidades cristianas, coherentes con su misión en la
Iglesia y en la sociedad, fomentarán la comunicación y el
diálogo con los responsables de los diversos sectores
sociales, para establecer compromisos de colaboración que
respondan a una sana concepción de la dignidad humana.
- Las Instituciones de
acción caritativo-social crearán los oportunos cauces de
colaboración con las Administraciones Públicas, sin
renunciar a ser conciencia crítica de la sociedad,
participando equitativamente en los recursos que esa
sociedad genera y son destinados a erradicar la pobreza y
marginación sociales.
II. Propuestas
para promover la diaconía de la caridad
1. Potenciar y
animar la Cáritas como organismo oficial de la Iglesia para la
acción caritativa y social, en sus diversos niveles:
parroquial, diocesano, regional y nacional
- Las
Iglesias particulares fomentarán la creación y animación de
Cáritas en todas las parroquias ya como "referencia y
ámbito" de cuantos trabajan al servicio de los pobres y la
promoción de la justicia, ya como ayuda a todos ellos con el
fin de obtener una mejor atención a los indigentes y
marginados.
- La programación pastoral
de las parroquias, en el contexto de la planificación de la
acción pastoral de toda la diócesis, incluirá la formación
para la caridad y la justicia, así como la promoción de
ambas19.
- La consolidación de la
Cáritas Diocesana, cauce ordinario y oficial de la iglesia
particular para la acción caritativa y social, es una tarea
permanente. Presidida y animada por el Obispo, que preside
igualmente toda la caridad de la Iglesia local, ha de ser
lugar de encuentro de la comunidad cristiana para un mejor
servicio a los pobres.
2. Estimular los
carismas que el espíritu, suscita al servicio de la caridad
-familias religiosas, comunidades eclesiales, movimientos
apostólicos y grupos cristianos- articulándolos adecuadamente
en la Iglesia particular20
-
Quienes han recibido carismas en favor y al servicio de los
pobres, revisarán la práctica de su acción caritativo-social
y promoción de la justicia y su coordinación, tanto en el
ámbito propio, como en el proyecto diocesano.
- Dentro de la comunidad
diocesana, los que poseen estos carismas, deben ofrecer
gestos de fraternidad, de participación, y de coordinación
que sean significativos para toda la comunidad cristiana21.
- La comunidad cristiana
prestará especial apoyo a los carismas consagrados al
servicio de los pobres y a la promoción de la justicia22.
Igualmente debe discernir, fomentar y apoyar los nuevos
carismas y vocaciones que el Espíritu suscite en orden a
este servicio.
3. Promover la
calidad de la acción caritativo-social y la coordinación de
sus instituciones
- Para
lograr una necesaria coordinación se sugiere que los órganos
diocesanos, interdiocesanos y nacionales promuevan las
siguientes iniciativas y acciones:
- Cáritas, en sus diversos niveles, deberá revisar
continuamente sus actitudes, actividades y formas
organizativas.
- Igualmente es conveniente, también, que todas las
asociaciones e instituciones hagan la revisión de los
modelos y la práctica de la acción caritativo-social y la
promoción de la justicia23.
- En la programación
diocesana se deberá conseguir una mayor presencia de la
Pastoral de la Caridad y la promoción de la justicia24.
- Personas, comunidades,
instituciones y asociaciones de acción caritativa y social,
deben confluir en objetivos, criterios, orientación y
motivaciones evangélicas. Para ello es conveniente que en
las Diócesis exista un organismo, presidido y animado por el
Obispo, especialmente responsabilizado en la tarea de
animación y coordinación. Respetando la naturaleza propia de
cada una de las instituciones y dando a Cáritas la
relevancia que le corresponde, dicho organismo será una
plataforma amplia donde se puedan encontrar las
instituciones dedicadas a lo social y caritativo.
4. Intensificar
la comunión y solidaridad con los países del Tercer Mundo
- Las
Iglesias particulares, parroquias e instituciones
concienciarán a las comunidades cristianas y a la sociedad
sobre las necesidades de los países en vías de desarrollo,
para que los países ricos hagan lo posible por contribuir al
desarrollo de los más pobres y alcancen la cuota del 0,7%
del PIB, como aportación al desarrollo de los países más
necesitados.
- Igualmente apoyarán a las
Iglesias del Tercer Mundo, cooperando en su acción pastoral,
con agentes y recursos en una actitud de apertura y acogida
de sus valores en un clima de comunión misionera25.
- Las Diócesis promoverán
grupos de solidaridad y hermanamiento con las comunidades
cristianas de los países en vías de desarrollo, y
especialmente la colaboración en la financiación de
proyectos presentados por los misioneros diocesanos.
- Para una mayor y más
eficaz coordinación de todas las iniciativas de colaboración
con las Iglesias del Tercer Mundo, las diócesis procurarán
que dichas iniciativas de pastoral se realicen a través de
los cauces diocesanos establecidos de coordinación
caritativa.
III.
Propuestas para la formación y educación de las comunidades
cristianas en la justicia y caridad
La formación y
acompañamiento para la educación en la caridad, la solidaridad
y la promoción de la justicia es una exigencia de la madurez
en la fe y una necesidad urgente. Sólo así las comunidades
cristianas y sus miembros podrán "reconocer más plenamente y
asumir más conscientemente sus responsabilidades en la vida y
misión de la Iglesia"26.
Es necesario
superar la ruptura entre la fe y la vida, mediante la adecuada
formación de las comunidades y sus miembros "en la unidad de
vida"27.
1. Animar un
servicio eficiente de formación en la acción caritativa y
social, articulado en el proyecto de pastoral diocesano
- La
educación en la fe de las comunidades cristianas y de sus
miembros, los procesos formativos, los catecumenados
juveniles y de adultos, la educación familiar y la formación
religiosas en los centros educativos28, debe
ayudar a hacer de las comunidades cristianas signo de la
Buena Noticia de Dios a los pobres29.
- Es muy conveniente que las
Iglesias particulares promuevan y fomenten Escuelas
Diocesanas y centros de formación para la acción social y
política30.
- Las Instituciones de
Pastoral caritativo-social promoverán el conocimiento de la
Doctrina Social entre sus agentes y miembros, para que
afronten los retos que plantean las situaciones de pobreza y
exclusión social31.
- Las Universidades,
Seminarios y otros Centros de formación de la Iglesia,
incorporarán a sus planes académicos la enseñanza de la
Doctrina Social de la lglesia, según las Orientaciones dadas
por la Congregación para la Educación Católica en orden a
desarrollar la dimensión caritativo-social y el compromiso
socio-político de quienes en ellos participan.
2. Promover la
formación de los agentes de pastoral caritativo-social y de
los cristianos presentes en la vida socio-política
- Las
instituciones de acción caritativo-social, y particularmente
Cáritas, podrán especial atención en la formación
teórico-práctica y en el acompañamiento de sus miembros y
colaboradores.
- La Comunidad cristiana
fomentará el voluntariado insertándolo coherentemente en la
acción evangelizadora de la Diócesis. A su servicio las
instituciones caritativo-sociales, y, en particular Cáritas,
promoverán las escuelas de formación del Voluntariado. Se
animará también el Voluntariado cristiano para la
cooperación en actividades promovidas por los misioneros
diocesanos.
- Es imprescindible el
fomento de la educación para la solidaridad de manera que
ésta se integre en la cultura de nuestra sociedad y sirva de
animación ética de la vida pública. Ha de asegurarse también
el acompañamiento a los cristianos comprometidos en las
organizaciones sociales, económicas, políticas,
empresariales, sindicales, para discernir, y animar, desde
el Evangelio, su compromiso.
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