|
Laicos Consagrados

Tal vez esta
vocación sea la menos conocida, pero es una realidad en la
Iglesia. Y por lo tanto sea un poco difícil explicarla, y un poco
más comprenderla. Lo intentaré con palabras y ejemplos sencillos.
¿Quién es el laico
consagrado? Aunque te parezca una perogrullada es el
cristiano que se entrega totalmente a Dios y a los hombres,
es decir, con un deseo especial de consagrarse a Dios. Pero
siendo su estado de vida el de laico, y sin
ser por ello sacerdote ni religioso, ni ser casado.
Dicho con palabras más caseras y familiares. No es el
solterón , que quiere y no puede casarse, sino el
que no quiere casarse , aunque sí puede. Esta
aclaración puede ser muy útil para no confundirlo ni mal
interpretarlo. El laico consagrado es una persona cristiana con
pleno sentido y madurez, que ni huye de nada ni de nadie, sino que
quiere vivir su vida, su vocación, de esta manera tan peculiar y
novedosa.
¿Cómo
vive esta vocación? La respuesta que voy
a darte tienen que quedarse un poco genérica y amplia, pues es
difícil de concretar y presentar. Para ello utilizaré unas
palabras-símbolos que tal vez puedan ayudar:
Siendo
luz para los demás, dando testimonio
de una vida entregada y realizada.
Siendo
sal que se entrega y se mezcla con
los demás, con los más necesitados.
Siendo
fermento que hace cambiar y
comprometerse por los demás.
¿Dónde
desarrolla esta vocación? El laico consagrado no tiene un lugar o
una misión específica para desarrollar su vocación particular, lo
hace en su trabajo cotidiano y normal, es decir, desde la
misma sociedad, concretamente en donde se necesita
una ayuda o un testimonio cristiano: y esto puede ser trabajando
con los enfermos, ayudando a los ancianos,
colaborando en las parroquias, etc.
Mas información
http://eremitoriovocacional.galeon.com
................................................................................................
La Iglesia
también necesita a los laicos consagrados
El futuro de la evangelización depende de
la unidad entre los obispos, las nuevas realidades eclesiales, y
el resto de formas de vida consagrada. Ésta es una de las
convicciones más profundas de Benedicto XVI, confesada en estos
días en público, al cumplirse los 60 años de la Constitución
apostólica Provida Mater Ecclesia, de Pío XII. La
promoción de la unidad entre las diferentes realidades de la
Iglesia se ha convertido en una de las prioridades del actual
Pontífice. Basta ver la agenda de audiencias que lleva realizando
en los últimos meses para constatarlo
«De la comunión entre los
obispos y los movimientos puede surgir un válido impulso para un
nuevo compromiso de la Iglesia en el anuncio y en el testimonio
del Evangelio de la esperanza y de la caridad en todos los
rincones del mundo», dijo el Santo Padre al recibir, el 8 de
febrero, a obispos amigos del Movimiento de los Focolares y de la
Comunidad de San Egidio. Para el Papa, en estos movimientos, hay
un signo de los tiempos: la necesidad de la «comunión
entre los carismas», como él mismo dijo en ese encuentro. Y desde
esta visión no hay unos que tengan más importancia que otros, pues
todos necesitan a los otros.
Los nuevos movimientos
«Mi venerado predecesor, Juan Pablo II, presentó a los movimientos
y a las nuevas comunidades surgidas en estos años como un don
providencial del Espíritu Santo a la Iglesia para responder de
manera eficaz a los desafíos de nuestro tiempo», explicó en ese
encuentro. «Y vosotros sabéis que ésta es también mi convicción
-añadió-. Cuando era profesor, y después cardenal, tuve la
oportunidad de expresar mi convicción: los movimientos son un don
del Espíritu a la Iglesia. Y precisamente en el encuentro de los
carismas se muestra también la riqueza, tanto de los dones como de
la unidad de la fe».
«El Espíritu Santo quiere la multiformidad de los movimientos al
servicio del único Cuerpo, que es precisamente la Iglesia»,
insistió. «Y esto lo realiza a través del ministerio de quienes Él
ha puesto para regir a la Iglesia de Dios: los obispos, en
comunión con el sucesor de Pedro».
Con estas frases, el Papa estaba describiendo el estilo de su
ministerio como Obispo de Roma. Uno de sus mayores desvelos
consiste en mostrar esa unidad y diversidad de carismas en sus
actos y nombramientos, incluso en la elección de sus
colaboradores: no sólo obispos, sacerdotes y religiosos, sino
también laicos. De hecho, éste es el primer Papa que es asistido
en sus labores cotidianas por laicas consagradas (no por
religiosas).
Institutos seculares
Otra prueba de la importancia que el Papa da a esta comunión de
realidades en la Iglesia la ofreció el 3 de febrero, al recibir en
audiencia a los participantes en la Conferencia Mundial de los
Institutos Seculares, hombres y mujeres, laicos en su mayoría.
Los Institutos seculares se distinguen de otras formas de vida
consagrada por el hecho de que sus hijos viven en el mundo la vida
ordinaria de cualquier persona, encarnando el Evangelio con
pobreza, castidad y obediencia, sin la obligación de la vida en
común. Los miembros laicos permanecen en el estado laical: es
decir, son bautizados, aunque se consagran totalmente a Dios con
la profesión de los consejos evangélicos; mientras que los
miembros clérigos se convierten en ayuda para los demás sacerdotes
a través del testimonio de la vida consagrada.
Estas realidades recibieron el reconocimiento jurídico de parte de
Pío XII hace exactamente 60 años, el 2 de febrero de 1947. La
citada Conferencia había reunido a unos 400 representantes de los
cinco continentes para hacer un balance y analizar perspectivas.
Ante todo, se constató que en la última década las vocaciones que
forman parte de esta galaxia de realidades eclesiales siguen
creciendo. De los 183 Institutos seculares que pertenecen a esta
Conferencia, 160 son femeninos, 7 son masculinos, 15 son
sacerdotales, y uno tiene tanto la rama femenina como la
masculina. «La Iglesia tiene también necesidad de vosotros», les
dijo el Papa. «Sed semilla de santidad echada a manos llenas en
los surcos de la Historia».
Jesús Colina. Roma

Que la Paz sea
contigo |